Volutas de humo

Fumar o no fumar

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Publicado en el 2000
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No son pocos quienes tras una buena comida o cena disfrutan con deleite el momento de encender un cigarrillo y saborear un café. Los más sibaritas lo convierten en todo un ceremonial que puede incluir una copa y un escogido puro. Así, incluso hay asociaciones de fumadores de pipa o de fumadores de habanos, para quienes fumar alcanza casi la categoría de arte. Tampoco faltan los compulsivos, que mientras aguardan en el restaurante a que les sirvan el segundo plato no pueden abstenerse de encender un cigarrillo. 

Pero si bien el hábito de fumar alcanza una importante implantación en la sociedad española, en los últimos años cada vez se está haciendo mayor hincapié en sus perjuicios para la salud. Y mientras en Estados Unidos se suceden demandas de indemnizaciones millonarias a las compañías tabaqueras y en España comienza a suceder lo propio, hace también unos años que los no fumadores iniciaron una campaña activa en pos de no verse obligados a inhalar el humo que expiran los fumadores. La Administración legisló en 1994 la prohibición de fumar en lugares públicos cerrados o como mínimo disponer en ellos de una zona para no fumadores.

Pero la norma es ambigua en lo que respecta a restaurantes y pizzerías, dado que no se les puede dar la categoría de específicamente públicos sin que en cierta manera dejen de serlo. Así lo considera el portavoz de la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU), Antonio López, quien entiende que un restaurante tendría que disponer de una zona reservada a los no fumadores aunque no esté imperantemente obligado a ello. Para López, quien pese a todo se declara fumador, "hay que proteger de forma positiva al no fumador, porque tienen derecho a no verse forzados a respirar el humo del tabaco". No obstante, su organización no ha recibido quejas de usuarios por asuntos relacionados con este tema que hayan sucedido en restaurantes. Por el momento, parece que la educación y buenas maneras están actuando correctamente en este ámbito y los posibles conflictos se pueden solucionar en la mayoría de los casos con una simple petición de la persona afectada para que sea apagado el humeante cigarrillo. Pero para evitar el agravio, aunque leve, que ello supone para fumadores y no fumadores una solución y un servicio más que podrían agradecer los clientes del restaurante sería elegir sentarse en una zona de fumadores o de no fumadores. Así, según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el 70% de los españoles consideran que las leyes deberían proteger más a los ciudadanos que no fuman, aunque sólo un 32% de los encuestados afirma que el humo del tabaco en lugares cerrados les molesta mucho y frente a ellos un 30% afirma que no les molesta en absoluto. Por otra parte, el 84% de los españoles consideraría que fumar es perjudicial para la salud y por ello es conveniente que las autoridades tomen medidas para reducir el consumo, pero también en este caso primaría para la mayoría el derecho individual y un 60% estaría en desacuerdo de que se legislara la prohibición absoluta del consumo de tabaco.

Y aunque es de lo más habitual en nuestro entorno ver a alguna persona fumando un cigarrillo, según los datos del CIS los fumadores son minoría en la sociedad española: un 46% de la población no habría fumado nunca, un 4% lo habría hecho de forma esporádica, un 16% afirmaría haberlo dejado y un 34% fumar habitualmente. Y dentro de este último grupo, la mayor parte (48%) afirma consumir de 11 a 20 cigarrillos diarios, mientras que es una minoría (1%) la que fuma más de 40 y un alto porcentaje también (36%) el de fumadores moderados de menos de 10 pitillos (36%). Entre los hombres hay más fumadores (42%) que entre las mujeres (25%). Por grupos de edad, aunque la franja más numerosa de fumadores la componen los comprendidos entre los 25 y 44 años (entre ellos fuma el 49% de la población) destaca el alto número de jóvenes de entre 16 y 24 años asiduos al tabaco (un 35%). En cambio, sólo fuman un 26% de personas de entre 45 y 64 años, un 10% de entre 65 y 74 años y un 7% de 75 años o más.

Así las cosas, en lugares públicos y privados habrá que buscar el entendimiento entre fumadores y no fumadores, tanto mediante la legislación como con mutuas cesiones de prerrogativas en el marco de la educación y el respeto al prójimo. Y tal vez sea este un tema a tener en cuenta cada vez más en restaurantes y pizzerías, donde para algunos el cigarrillo es el placer final tras un buen ágape y para otros puede resultar una molestia recibir ese humo. Máxime cuando los ritmos son diferentes y en una mesa se toma el café mientras en otra se empieza a saborear un plato. Tal vez no esté de más prever la existencia de un espacio para no fumadores para que el cliente pueda elegir. Y, entre el clavel y la rosa, su majestad es coja.