Una pizza en Gibraltar

Pizza y pasta a la flema gibraltareña

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Publicado en el 2001
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La cultura británica ha penetrado profundamente en el corazón de la Roca: al traspasar la aduana que separa la Línea de la Concepción de Gibraltar, rótulos, edificios y señales de tráfico parecen convertirse al anglicanismo. En los mismos transeúntes se descubre la inconfundible flema inglesa, los buzones se tiñen de rojo y los teléfonos públicos son afectos de Brittish Telecom. Escolares uniformados al modo de las más prestigiosas "schools" aguardan en las paradas de los autobuses. Pero tras la sorprendente apariencia se descubre una realidad que amalgama diferentes culturas, no sólo la española y la inglesa sino también a oriundos hindúes, malteses, árabes.... Y en ellos  arraiga un sentimiento de identidad propio, gibraltareño. Capaces de pasar en su hablar del inglés al español o a una mezcla de ambos con toda soltura, igualmente cobran en pesetas aunque su moneda oficial sea la libra inglesa. También allí se ha abierto un hueco la restauración italiana y en la calle principal se ofrecen pasta y pizzas -que no han podido escaparse a los efluvios ingleses- y helados "artegionale italiani".

Gibraltar no dispone de más de 6 kilómetros cuadrados, la mayoría ocupados por la gran Roca, a cuyo pie habitan unas 30.000 personas. Siguiendo la carretera de entrada, sin pérdida, se llega a su centro neurálgico: Main Street, una calle peatonal en torno a la cual se concentra en un kilómetro toda la vida comercial y administrativa de la Roca. Abundan en ella típicos pubs ingleses y el plato más ofertado es "fish and ships", pero también se encuentran restaurantes que intentan aprovechar el tirón de la paella y la cocina española, otros de comida oriental, otros de kebaps y falafels y, en el centro de la avenida, un "Italian Restaurant". Allí se ofrecen las más tradicionales pizzas y spaguettis, tallarines, raviolis… preparados con el toque gibraltareño-inglés. Un poco más allá, el complemento lo aportan los helados de "Don Gelati". Hasta ellos se acercan los turistas, principalmente alemanes e ingleses, que siguen atraídos por las peculiaridades del Peñón. En cambio, en estos últimos meses escasean los visitantes españoles. Y es que en cuestión de precios Gibraltar ya no es lo que fue durante los pasados años. La fortaleza de la libra esterlina frente a la peseta ha provocado que muchos productos sean más caros que en España. Aunque tabaco y licores siguen siendo más baratos, comer en Gibraltar, por ejemplo, puede salir por el doble que hacerlo en la Línea de la Concepción. En momentos en que la libra ha alcanzado las 260 pesetas hasta los mismos gibraltareños han optado por ir a comprar a España, cuando hace unos años llegaban hasta la Roca visitantes incluso desde ciudades como Madrid para llenar sus coches de género más barato exento de IVA. Sin embargo, los comerciantes gibraltareños no parecen preocuparse excesivamente por la actual situación y recuerdan los años en que la frontera estuvo cerrada y "sobrevivieron" con el mercado interno. Con la misma flema, aceptan la presencia del submarino nuclear Tireless, cuyo posible peligro a raíz de la avería en un reactor ha movilizado a asociaciones y opinión pública española. Anclado en el puerto, a su vista, siguen trabajando en los quehaceres cotidianos diciendo: "el submarino no nos da de comer".

Así las cosas, los gibraltareños continúan con su particular forma de vivir a medias entre Inglaterra y España. Su gobierno, en la publicidad turística sigue usando el reclamo de "precios sin IVA" y aún son muchos los autobuses de turistas de la Costa del Sol que quieren conocer ese territorio de la Commomwealth. Al salir de la Roca, pueden verse sorprendidos por la espera ante un semáforo en rojo. Sirve para detener a los coches mientras los aviones aterrizan en el pequeño aeropuerto que atraviesa la carretera principal. Al llegar a la aduana de salida los visitantes en coche particular pueden tener que aguardar un mínimo de dos horas para cruzarla, tiempo sobrado para leer un cartel que en inglés, francés, alemán y español parece explicar las causas de su espera forzada: “su motivo es político y forma parte de la voluntad española para hacerse con Gibraltar”. Debajo figura el mapa de España, pintado en el amarillo y rojo de su bandera, con zarpas que se abaten sobre un peñón desmembrado de la península coloreado en blanco y rojo.

Ingleses desde el siglo XVIII
El peñón de Gibraltar emerge del mar hasta alcanzar 426 metros de altura. Puede ser visto desde más de 100 kilómetros de distancia y desde su cima, en un día claro, se divisa África. Está unido a España por una pequeña franja de tierra que cumple las funciones de carretera principal y de pista de aterrizaje del aeropuerto.

Al Peñón se le ha dado históricamente una gran importancia estratégica, gracias a que desde él se domina el estrecho que separa Europa de África y el acceso al mediterráneo desde el Atlántico. A ello debe su actual estatus político: a principios del siglo XVIII el Tratado de Utrech estableció su pertenencia a la corona inglesa. Desde entonces se han sucedido diferentes conflictos bélicos y diplomáticos en los que España ha reclamado la soberanía de ese territorio.

Gibraltar posee un gobierno propio para sus asuntos internos, mientras que la política exterior continúa en manos inglesas, como sucede con antiguos territorios de la Commomwealth. Los gibraltareños hacen gala de un sentimiento de nacionalidad autoctóna, mezcla de diferentes culturas y orígenes. Entre sus orgullos, destacan que el Peñón es una de las columnas mitológicas de Hércules, los rastros de los asedios a que se vieron sometidos en siglos pasados o que en la Roca habitan los únicos monos en estado semisalvaje de toda Europa.