Una Historia del mercado deportivo en España: Los inicios (3)

El mercado deportivo español desde 1900 a 1936: El fútbol

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CMD
Publicado en el 2001
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Desde los principios del siglo XX, el fútbol inicia una rápida difusión que conquista en toda España a un buen número de practicantes y de espectadores, hasta entrar en liza con los hasta entonces hegemónicos toros. A ello contribuye el buen resultado obtenido por el equipo español de fútbol en los Juegos Olímpicos de 1920. Es así que cuatro años después en Barcelona se construye el estadio de Les Corts con aforo para 24.000 personas, mientras que la nueva plaza de toros de la Monumental sólo tiene capacidad para 15.600 personas. La organización del primer Campeonato Nacional de Liga en 1927 contribuye al despegue final del deporte llamado a convertirse en rey.

En ese marco ha abierto en 1925 en la calle Correo de Bilbao una tienda ya con clara vocación deportiva, su rótulo es inequívoco: "artículos para deporte y similares". Fundada por Arzuaga y Rodríguez, a la sociedad pronto va a incorporarse Miguel Guisasola, quien después pasa a regentar el establecimiento en solitario. Es un reputado jugador de pelota vasca conocido en su entorno como "begoñés", por haber crecido en ese carismático barrio bilbaíno. La principal actividad de la tienda consiste en abastecer de equipaciones, pelotas, botas e incluso redes para porterías a los numerosos clubes de fútbol que van apareciendo en Vizcaya, además de al insigne Athletic. El establecimiento también ofrece artículos para la práctica de otros deportes, como la pelota vasca o el tenis e incluso incorpora material de golf, que no llega a cuajar entre los clientes. El surtido se amplia hacia la confección, el calzado y los complementos, con cazadoras "deportivas", zamarras, chubasqueros,  mochilas, bastones, botas de montaña, polainas… también se ofrecen los primeros bañadores para hombres, una vez que la moda de los baños de mar ya ha trascendido sus orígenes aristocráticos y entre la clase media se convierte en aliciente acudir a las playas.

Como es habitual también en las tiendas de otras ciudades, el trato de venta de equipaciones para equipos de fútbol se establece con los utilleros o encargados de los clubes. Con ellos se alcanza una relación de amistad y confianza y es habitual que los pagos se realicen a plazos o que incluso se abra una cuenta y que el club vaya satisfaciendo la deuda conforme su economía se lo permita. Para algunos, las tiendas son "asilos económicos" que permiten del desarrollo del deporte. Son escasos los clientes que acuden a título individual a comprar unas botas o un balón.

Las primeras botas son de cuero con refuerzos en la puntera. Los tacos se forman con clavos de hierro que atraviesan diferentes placas de goma; no es inusual que en el transcurso de un partido se desprenda alguna de las placas más exteriores y quede la punta del clavo al descubierto, convirtiéndose en un deporte "de alto riesgo". A ello también contribuye la tecnología de los primeros balones: de cuero cosido, la vejiga de su interior se hincha a través de un pitorro metálico que después se intenta ocultar bajo otro pedazo de cuero; pero esa protección no consigue evitar que se abra más de una brecha en la cabeza al golpear en la parte del pitorro. La reparación de botas y balones es una de las actividades más importantes para la tienda.

Una experiencia rural
Si bien en las primeras ciudades el comercio deportivo se iba estructurando lentamente, en los pueblos del interior resulta aún más complejo abastecerse. No obstante, el desarrollo del parque automovilístico conlleva la aparición de transportistas -conocidos como recaderos u ordinarios, según las zonas- sustitutos de los tradicionales arrieros que van a llevar hasta los pequeños pueblos los pedidos de sus habitantes. Si durante 1900 sólo se matriculan tres vehículos, en  1910 ya son 1.000; en 1917, más de 2.000; en 1920, más de 12.000, y a partir de 1926 se mantiene una media anual de 25.000. Una vez creados servicios de recadería en diferentes regiones, se va a establecer una red capaz de enlazar toda España que facilita el intercambio de mercancías también entre comercios.

Mientras tanto, algunos pueblos suplen con sus propios recursos e ingenio la carencia de medios. Está documentado que en el año 1922 ya ejercía su actividad en Ripoll (Girona) Calçats Pons, un taller inicialmente dedicado a la zapatería en el que pronto se van a construir algunos de los primeros esquís de España. La influencia de la cercana Francia, desde donde llega ese deporte desconocido en España, y la proximidad de un lugar idóneo para practicarlo, La Molina, van a impulsar su desarrollo. Las estaciones de Nuria, también en Catalunya, y de Navacerrada, en Madrid, pronto van a ser frecuentadas por las clases con más recursos.

En Ripoll, Casimiro Pons Alboç se dedica en sus inicios principalmente a confeccionar botas para los agricultores y ganaderos que durante todo el año viven en la montaña. Ellos bajan al pueblo con el buen tiempo del mes de marzo y se les toman las formas para las hormas del calzado. Una quincena de operarios trabajan en la elaboración que debe estar lista en el siguiente mes de septiembre, cuando los agricultores aprovechan para acudir a la feria y recoger sus pedidos. El establecimiento pasa también a fabricar los primeros esquís de madera, que manufacturaba un carpintero hermano de Casimir Pons, para los primeros aficionados que se desplazan hasta La Molina. Los esquís son impregnados con cera en su parte inferior para favorecer el deslizamiento. Las fijaciones son fabricadas con correas de cuero por los encargados de componer los aparejos de los caballos, hasta que llegan de Francia mediante contrabando las primeras de cable. La influencia francesa también se deja notar en la elaboración de mochilas inspiradas en las usadas por los soldados alemanes durante la 1ª guerra mundial. Los habitantes de la zona que se inician en algún deporte acuden a Can Pons, donde el ingenio y la colaboración con diferentes artesanos suple la falta de una industria especializada.  Un carpintero construye las primeras porterías de fútbol y un grupo de mujeres teje las redes. Se fabrican botas de fútbol atendiendo a la demanda e incluso son elaborados a medida un par de guantes de boxeo para un aficionado.