Una Historia del mercado deportivo en España: Los inicios (1)

El mercado deportivo español desde 1900 a 1936: Las armerías

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CMD
Publicado en el 2001
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Los inicios del mercado deportivo español se remontan a principios del siglo XX asociados a las armerías. Se trata también de bazares que atienden las necesidades más cotidianas y dispares: utensilios de cocina, cestos, aperos de labranza, artículos de viaje… Conforme la práctica de deportes empieza a calar en la sociedad, esos establecimientos van incorporando material para abastecer a los aficionados a deportes tradicionales y a las nuevas modalidades que llegan de Inglaterra y Francia. Pero la importación de productos es escasa y, a falta de una industria estructurada, en cada lugar se suple con ingenio y la ayuda de maestros artesanos la falta de medios. Pasada la década de los 20, aparecen las primeras tiendas con clara vocación deportiva. 

Un precursor en Valencia
Corre el año 1899 cuando Eduardo Altarriba Soldevilla, un viajante de comercio catalán, se hace cargo de la Armería Schilling, ubicada en el número 11 de la calle de la Paz, en pleno centro de Valencia. Schilling, un empresario judío asentado en Vic con comercios de propiedad también en Barcelona y Madrid, traspasa el establecimiento por cien pesetas más el coste del material que contiene. Así, nace la Gran Armería y Bazar Altarriba, embrión del establecimiento deportivo más antiguo de España que aún continúa en activo de que se tiene constancia. Hasta entonces, Altarriba ha sido uno de los 3.000 viajantes que a finales del siglo XIX recorrían España con catálogos de productos manufacturados principalmente en Catalunya y el País Vasco. Años en que los agentes comerciales se encuentran con dificultades añadidas: en la España interior, con una economía rural no habituada a las nuevas reglas comerciales, es normal que los compradores anulen los pedidos a su antojo, no acusen recibo de las mercancías o, lo peor, paguen con meses o años de retraso. Los desplazamientos y el transporte de mercancías también se convierte en toda una odisea, a pesar de que las vías férreas van lentamente jalonando todo el territorio. Los comerciantes se quejan de que resulta más barato transportar un bulto al otro lado del Atlántico que a 50 kilómetros en el interior de la península. Las elevadas tarifas del ferrocarril no garantizan la seguridad de los envíos y, en el caso de que lleguen a su destino, no es extraño que reciban daños o incluso sean abiertos.

Pero a finales del siglo XIX todavía no son nada habituales los envíos de material deportivo. Es más, la incipiente demanda es atendida en cada lugar recurriendo a maestros zapateros, textiles, carpinteros… que usan de su ingenio e imaginación para satisfacer un pedido. Usualmente, las prendas y el calzado son elaboradas a medida: unas botas de fútbol o unas zapatillas de atletismo se manufacturan sobre la horma de cada cual y cuando el detallista deportivo acude al artesano a recoger sus pedidos recoge los que en ese momento tiene acabados. Y hasta cerca de los años 20 no va a comenzar a despegar la demanda de material deportivo entre los habitantes de las grandes ciudades. Si bien ya antes comienza a extenderse la práctica de algunos deportes, los aficionados usaban para ello las alpargatas y ropa del vestir cotidiano.

En varias ciudades de toda España, la armería constituye la ocupación inicial de las tiendas que evolucionarán hacia la oferta deportiva. La Gran Armería Altarriba ofrece todo tipo de armas: escopetas, rifles, pistolas, revólveres… con un apartado de bazar que amalgama artículos de viaje, brochas de afeitar, impermeables, encendedores o máquinas de liar cigarrillos y que en los años 20 ya incorpora artículos de fútbol, tennis -tal como se escribe en la época-, hockey, boxeo y bicicletas. Se trata de un amplio local de 280 metros cuadrados, la mayor parte de ellos destinados a almacén. Allí también se alojan, duermen, viven y comen los empleados, tal como es habitual en el comercio valenciano de la época. A principios de siglo, el niño que tiene la fortuna de obtener trabajo en una tienda se inicia con 12 ó 13 años como aprendiz; según sus aptitudes y valía llegará a ser mozo, vendedor o incluso encargado. Lo más habitual va a ser que trabaje en la misma tienda durante toda su vida. Es tal la dependencia que tiene de la manutención procurada por su jefe y trabajo que recibirá el nombre de dependiente. Estos, ganan una media diaria de 3,50 pesetas en 1900, mientras que el alquiler mensual de las viviendas baratas puede alcanzar las 16,25 pesetas.

Las tiendas, ya impulsando el deporte
Por su parte, desde su tienda, Eduardo Altarriba se convierte en impulsor de actividades y deportes. Es uno de los fundadores de la Real Sociedad de Tiro de Pichón que inaugura Alfonso XIII; los aficionados, que se reúnen en el mismo establecimiento, practican en el lecho seco del río Turia. Los sticks de hockey hierba, deporte que como jugador también ayuda a impulsar Altarriba, son de importación, de la casa Hammer; pueden ser adquiridos en la armería junto a material para bolos y pelota valenciana. Las pelotas de esta modalidad de frontón son fabricadas a mano por un artesano de la localidad de Pedralba,  igual que los guantes, una especie de mitón elaborado con baqueta. Los "pelotari" valencianos aún introducían bajo el guante algunos naipes que les servían de protección frente a los golpes. También las primeras espinilleras de fútbol y hockey hierba no son más que viejas novelas de tapa flexible colocadas bajo las medias.