Una Historia del mercado deportivo en España: 1970-75, hacia el vértigo de las modas

El mercado deportivo español desde 1970 a 1975

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CMD
Publicado en el 2001
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En julio de 1969 el hombre pisa por primera vez la luna y coloca… la bandera estadounidense. En la entrante década de los 70, en los países más avanzados de occidente -según recoge un historiador- se vive pendiente de las innovaciones tecnológicas, se siente la velocidad de los cambios y la poca vigencia de lo nuevo: en 1940, una novedad podía durar cerca de un cuarto de siglo; en 1970, puede pasar de moda antes de cinco años, o menos. No es el caso de España, que recibe gozosa el triunfo de Salomé en Eurovisión el año 1969 y aún se prepara para subirse al tren de los cambios vertiginosos. En los inicios de los 70, el mercado deportivo adolece de una falta de estructuración, dentro de la tónica global del país. Ya ha aparecido, no obstante, el embrión del primer grupo de compras, que rápidamente se integra en Intersport.

Para muchos de los que se inician en el mercado deportivo su entrada está más relacionada con su afición personal por el deporte o con mantener el contacto con ese mundo tras su retirada profesional de algún club que con grandes objetivos comerciales. Ven, eso sí, unas posibilidades de negocio en un sector que lentamente va escalando peldaños. La situación embrionaria se observa también en el hecho de que el Corte Inglés, con centros abiertos en 1972 en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao y Valencia, aún no explota en abundancia el segmento deportivo.

Pero los escasos volúmenes de negocio que se mueven y el contar con un cliente fiel que compra los artículos necesarios para desarrollar sus actividades deportivas comportan algunas ventajas: una crisis económica como la de 1975, que afecta seriamente a los sectores más dependientes del consumismo incipiente, es sobrellevada sin excesiva repercusión en las tiendas deportivas.

Llega un francés
En Jaca, Carlos Piedrafita había abierto la primera tienda especializada en deportes de la ciudad en el año1963. Él ya había vivido desde su infancia las primeras experiencias comerciales viendo como su padre -gran aficionado al esquí desde los años 30- había llegado a almacenar en su propio domicilio esquís, lacas, ceras, fijaciones o incluso otros artículos deportivos como balones para abastecer a amigos y conocidos a quienes resultaba difícil encontrarlos.

A principios de los años 70 llega hasta la tienda de Carlos Piedrafita un francés que tras pasar la frontera con un maletín descubre el establecimiento: se trata de un representante de Rossignol y Nordica a la búsqueda de clientes. En esos tiempos su primera tarea es localizarlos, dada la escasa vertebración del sector. Con la misma dificultad se topan, a la inversa, muchos establecimientos deportivos. Si bien ya a mediados de los 60 se celebra en Madrid la primera Feria sectorial de invierno y paralelamente se suceden otros certámenes en Barcelona, no tienen aún continuidad. Carlos Piedrafita, animado por la cercanía, puede acercarse a la Feria de Grenoble, pero no es usual que el detallista deportivo visite las ferias internacionales.

No obstante, José Luis Miner, de San Sebastián, es uno de los pioneros en viajar a las Ferias de Grenoble, Munich, Milán o París. En esos viajes entra en contacto con personalidades como Abel Rossignol, fundador de la marca, quien igual que los más antiguos fabricantes españoles construía sus primeros esquís de madera en su taller de carpintería. En 1970, Miner logra un gran impulso de ventas en su establecimiento tras inventar y comercializar la Motoretta, la primera bicicleta Todo Terreno creada a nivel mundial. Su ingenio ha quedado reconocido en el museo californiano de la BTT, que recoge la historia de la Mountain Bike.

En Pamplona, Corpus Cabodevilla reconvierte un taller de reparación y venta de motos en un establecimiento de artículos de deportes, souvenirs y juguetes. Artículos de fútbol, balonmano, baloncesto, patines, equipaciones deportivas para colegios, chandals azules o rojos con rayas blancas en los costados… comparten espacio con objetos de regalo, recuerdos para turistas, muñecas o trenes eléctricos. No es inusual que un representante lleve en su cartera muestrarios de las tres familias de productos, ni extraña que se su ámbito de clientes abarque toda la península. A pesar de que van llegando marcas extranjeras, que se suman a las numerosas nacionales, la gama de productos ofertada es exigua y el contacto entre tiendas y proveedores a menudo complicado por desconocimiento mutuo.

El primer grupo de compras
Precisamente,  el objetivo de dinamizar y agilizar la relación con los proveedores y con ello conseguir mejores condiciones de compras había movido a un pequeño colectivo de comerciantes catalanes, a mediados de los 60, a crear el primer movimiento asociativo de la distribución deportiva española. Uno de sus promotores es Jordi Buldú. Al grupo se unen detallistas de otras ciudades del país. Actúan en régimen de cooperativa, obtienen el apoyo y asesoramiento de la central de compras "La Hutte", con 500 puntos de venta en Francia.

En 1969, 18 detallistas españoles fundan Unisport, es el germen de Intersport España, nombre que rápidamente van a asumir. Con el apoyo del grupo suizo, la nueva filial española inicia su expansión y llega a contar con unos 40 socios antes de 1974. Inicialmente, los detallistas aprecian la necesidad de unirse para conseguir mejores condiciones de compra, pero sin haberse producido aún la avalancha de marcas extranjeras las tiendas del sector no se plantean aún la necesidad de ser o no ser competitivas. Los establecimientos adoptan la imagen común "Stock-inter", los socios se seleccionan según su solvencia económica. Se crea un stock común para la agrupación, se fija una cuota diferente para cada socio según su capacidad de compra y se consolida la integración en Intersport Internacional, lo que permite aumentar la capacidad de contratación y el poder de negociación con las grandes empresas.

En las islas
Mientras, en espera de que se produzca la eclosión de los grupos de compra, otros detallistas que se inician en el mercado deportivo se topan con las dificultades ya reseñadas. En Menorca, Benito Pons se encuentra además con el añadido de la insularidad. Un familiar deportista de la península le convence de las buenas perspectivas del sector. En la planta baja de su casa, en las habitaciones del hogar, instala la primera tienda de deportes de la isla. La puerta del domicilio se acristala y hace las veces de escaparate.

En pocos meses, gracias al buen funcionamiento del negocio, puede trasladar el material a un local comercial. Pero el abastecimiento de artículos debe hacerlo viajando personalmente a Barcelona, sin programaciones, comprando en el momento según las necesidades. Un detallista de la península ya con experiencia le facilita el contacto con los proveedores. En Menorca tiene buena salida el tenis, animado por los éxitos de Santana, Orantes, Gisbert… Todos los artículos son novedosos para el cliente y resisten el paso de las modas.

Pero pronto la moda va a entrar en el mercado deportivo español y va a convertirse en un componente destacado. Ello vendrá de la mano de la apertura al entorno internacional y la equiparación con las dinámicas económicas y sociales que rigen en los países más avanzados. En 1975 Franco debe morir para la instauración de la democracia, la evolución de la vida cotidiana y la normalización de relaciones con los países democráticos.