Una Historia del mercado deportivo en España: 1940-1950, empezar de nuevo

El mercado deportivo español desde 1940 a 1950

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CMD
Publicado en el 2001
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"Cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado." El parte del Generalísimo Franco, difundido desde Radio Nacional de Burgos el día 1 de abril de 1939, va a ser considerado por muchos historiadores como el inicio de una nueva época de represión, penurias y escasez: la postguerra. La contienda bélica ha roto también la progresión del mercado deportivo. La nueva situación está determinada por las carencias de la sociedad y la lucha por retornar a una vida normalizada.

En las grandes ciudades el comercio deportivo se muestra eminentemente especialista. En Barcelona, por ejemplo, los clientes identifican a la tienda Vitti con el tenis, a La Centenaria con el ciclismo, a Beristain como la armería, a Martín como los futboleros… El establecimiento de este último ha abierto sus puertas en el año 1939 en la Avenida de la Luz, que paradójicamente se hallaba en unas galerías subterráneas de acceso a una estación de tren bajo la calle Pelayo. Socio de Mariano Martín es Benito García, un conocido jugador del fútbol club Barcelona que integra el equipo campeón de copa de la temporada 1941-42.

Venta a clubes
En 1943, Benito García se hace cargo del negocio y lo traslada a un local de la plaza Urquinaona. Desde allí, entre las principales ventas se cuenta el servicio a numerosos clubes de fútbol de toda España. Los pedidos, tras el contacto inicial que puede requerir la presencia física, se suelen realizar por teléfono y la entrega mediante recadero. Pero los clubes, incluso los más grandes, requieren de escasos juegos de uniformes para pasar la temporada. Son tiempos en que no es habitual regalar las camisetas y la escasez que afecta a todos hace aprovechar al máximo cada prenda.

La venta de artículos de fútbol a particulares no es común, pues los aficionados se integran en los equipos de su barrio o pueblo y es un encargado del club quien se responsabiliza de la compra. En calles y colegios los niños juegan o hacen deporte con sus ropas habituales. No obstante, en el caso del fútbol hay una lógica excepción: el balón. Pero tampoco es un artículo de venta cotidiana sino reclamado para las grandes ocasiones, como los aniversarios o el día de reyes. En Benito Sport la campaña de Navidad se prepara hinchando centenares de pelotas que se colocan en grandes cestos. Casi todos quedan cada año vacíos. Otro tradicional regalo es la camiseta con los colores del equipo por el que el niño, y sin duda también el mayor, siente pasión. El número del dorsal se elige por separado, esperando a que la madre lo cosa pacientemente.

Benito Sport se abastece de empresas textiles y de algunas manufacturas propias. El cliente no busca en el producto la identificación con una marca. Por otra parte, la escasez de materiales y de recursos económicos provocan el máximo aprovechamiento de todos los artículos. El taller de reparación de balones y botas de la tienda es una de los departamentos con más trabajo. Cada retal de tela o de cuero es útil y el ingenio se convierte en una de las principales herramientas para realizar arreglos o nuevos productos.

Balones de Primera División
Uno de los artículos manufacturados por Benito Sport son los balones Nitram -cuya marca responde a la inversión de las letras del apellido del socio fundador, Martín-. Tarea semanal de los trabajadores de la tienda es llevar hasta la federación de fútbol algunos balones hinchados conforme a la homologación establecida, para comprobar su peso. Con ellos se jugará el partido de la jornada de Liga de Primera División. Los funcionarios federativos precintan el pitorro con un sello, que comprobará el árbitro del partido. Se usan aún los ya conocidos balones de vejiga, con un pitorro metálico que se oculta bajo un trozo de cuero cosido. Las botas siguen siendo también de clavos metálicos que atraviesan varios conos de goma. Es por ello que el linier comprueba la suela del calzado, para evitar que un clavo al descubierto pueda causar heridas.

También en otras ciudades son los comercios deportivos los encargados de proporcionar los balones para los equipos de primera división. En la tienda de Guisasola, en Bilbao, se hinchan los balones para los partidos del Athletic a un peso de unos 430 gramos pero -como es habitual en otros casos- el equipo pide un poco más de peso, dentro de los límites permitidos por la federación, cuando se enfrenta a un equipo más técnico. En Sevilla, Zacarías Zulategui busca explotar también publicitariamente esa venta de su negocio. En la Hoja del Lunes -publicación que sustituye ese día a los diarios habituales- publica un anuncio bajo la información del partido del Sevilla o el Betis. En él se dice: "el balón con que se ha jugado este partido se ha adquirido en deportes Zulategui".

Escasez y desahogo
El fútbol ha abierto ya una cesura frente a otros deportes, que gozaban también de afición antes de la guerra. En ello colabora la prensa, siguiendo las consignas del régimen, dedicando abundante información a los partidos y la vida de los clubes. Se busca desviar las represiones y penurias con desahogos hacia otros temas. Así, los lunes en trabajos, universidades o cafés se habla de poco más que de los partidos de Liga. La creación en 1946 de las Apuestas Mutuas Deportivo Benéficas acrecienta aún más la atención hacia ese deporte. Hasta a los más pequeños pueblos y aldeas llega la ilusión de conseguir el pleno que permita salir de la miseria. En 1945, la renta media per capita se estima en 5.401 pesetas frente a las 8.520 de 1935. Frente a ello, la especulación inmobiliaria propicia que en 1944 se lleguen a pedir alquileres de más de 1.000 pesetas mensuales por pisos modestos que antes de la guerra costaban 150 pesetas.

Para todos es necesario sumar todos los esfuerzos disponibles y, por ejemplo, en Deportes Cerra, trabaja toda la familia -padre, madre e hijos- para llevar el negocio adelante. Con ventas escasas, las tiendas siguen siendo centro de tertulias y en la de Sixto Cerra se reúnen permanentemente clientes y amigos. Se organizan carreras de bicicletas en colaboración con los clubes ciclistas, los deportistas usan la tienda de vestuario, el aire queda impregnada del linimento Hércules que usan para tonificar los músculos. A mediados de la década la bicicleta se convierte también en uno de los regalos de reyes más apreciados. Las máquinas son reservadas con meses de antelación. Cerra debe buscar un local para almacenar los múltiples pedidos. Sin embargo los stocks son muy limitados en la mayoría de productos y no se puede satisfacer la demanda de un club de fútbol que sorprendentemente encarga 14 pares de botas ¡todas del mismo número!

Racionamiento deportivo
El empobrecimiento de la población y de los recursos queda patente en la hambruna, en las cartillas de racionamiento, en la necesidad de muchas tiendas deportivas de abrir su oferta a todo tipo de productos para poder obtener su sustento.

Valeriano Calzas se había trasladado de su pequeño pueblo natal de Cáceres hasta la ciudad de Plasencia en 1937. Con 400 prestadas por su hermano tras la venta de unas caballerías alquila un local de 100 metros cuadrados por 150 pesetas. En él va a alternar artículos de deportes, caza y pesca, ultramarinos, alimentación, zapatería, droguería e incluso futbolines antes de poder dedicarse decididamente a los deportes. Muestra de la pobreza y necesidad de aprovechamiento de la época es su primer recibo de alquiler, firmado en la cara blanca de la mitad de una cuartilla cuyo anverso es… una esquela funeraria.

En Gandía (Valencia) Dimas Cucart, quien entra en el mercado deportivo en 1930 inicialmente con una armería "caza y pesca", debe derivar su ocupación principalmente hacia el taller de reparaciones, recarga de cartuchos o una sección de ferretería. Pueden pasar días sin que nadie entre a la tienda a comprar un balón o una raqueta. Las existencias también han quedado reducidas al mínimo, el abastecimiento se reduce a los talleres de artesanos del entorno. No obstante, se recuperan cuando son llevadas a reparar algunas escopetas robadas durante la guerra gracias a que se dispone de la documentación con los números de serie. Las férreas normativas impuestas por el nuevo régimen hacen que sólo se puedan vender rifles a los "somatens", personas de reconocida formación moral cuya colaboración es en ocasiones incluso solicitada por la Guardia Civil.

También hasta la tienda de Francisco Tadeo en Aranjuez llega el influjo de las restricciones. Se precisa un permiso especial para vender zapatos, sobre los que existe un cupo de disponibilidad de cantidades. Hay una cartilla de racionamiento para comprarlos. Francisco Tadeo, que ha iniciado su negocio como guarnicionería, abastece de zapatos, zapatillas y algunos artículos deportivos a sus conciudadanos y a los de los pueblos más cercanos. Los recaderos realizan las entregas a clientes a los que se conoce más por su mote -algunos tan curiosos como Félix el cagalaolla- que por su apellido.

La postguerra, años de escasez en los que el sustento, productos y materias primas se consiguen a menudo en el mercado negro, el llamado estraperlo consentido con necesaria vista gorda por los guardias civiles. Años en que disponer del dinero necesario para comprar los artículos no es suficiente para conseguirlos, también es necesario haber estrechado lazos de confianza con quienes mueven los hilos.