Una Historia del mercado deportivo en España: 1936-1939, años de supervivencia

El mercado deportivo español desde 1936 a 1939

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CMD
Publicado en el 2001
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En los primeros meses de 1936 el material de las tiendas deportivas ha conseguido abrir un hueco en "la cesta de la compra" de un buen número de españoles. Muchos buscan equiparse para la práctica deportiva a remolque de la afición que crean los campeonatos nacionales de fútbol:  el balompié se va abriendo un hueco a numerosos aficionados junto a los casi hegemónicos toros. A ello colabora también la popularidad de una selección nacional compuesta por grandes jugadores como Regueiro, langara, Ventolrá, Iraragorri… que sin embargo son derrotados por la selección nacional de Alemania en el Estadio de Montjuich de Barcelona. De la afición por el fútbol también queda constancia en el lleno que registra el campo de Mestalla de Valencia para ver la final de la Copa de España entre el Madrid y el Barcelona, en el partido en que se despide Ricardo Zamora.

También los éxitos ciclistas en Francia o los internacionales en boxeo contribuyen a popularizar el deporte, seguido con atención por los forofos a través de la radio, que emite desde 1924 pero inicia su gran eclosión con la proliferación de modelos económicos domésticos a partir de 1936. La celebración de los Juegos Olímpicos en Alemania, ese mismo año, crea una gran expectación y diferentes agencias organizan viajes animando a todos los deportistas a desplazarse hasta Berlín. Muestra del estado de ánimo existente en torno a los deportes es la organización en Barcelona de unas Olimpiadas Populares que pretenden ser una réplica proletaria y económica a los Juegos "racistas y fastuosos" organizados bajo el nacionalsocialismo hitleriano.

Pero el alzamiento de una parte del ejército y el estallido de una guerra civil va a quebrar todos los ritmos de la vida. Las armas no sólo van a segar vidas sino también a alterar y modificar la evolución de todos los hábitos cotidianos, convirtiendo la supervivencia en el más importante objetivo. Mientras los rebeldes del bando nacional combaten con los republicanos fieles al gobierno en diferentes frentes, en las zonas alejadas de las líneas de fuego la vida debe continuar, aunque ajena a lo que ha sido hasta entonces la normalidad.

En muchos casos, la adhesión de los españoles a uno u otro bando no va a estar tan relacionada con su ideología política personal como con la necesidad de sobrevivir bajo el mando de quien controla el territorio. Rápidamente, desde octubre de 1936 el ejército nacional va a dominar toda la franja occidental de España, desde Cádiz hasta A Coruña. A grandes trazos, la zona oriental más una franja del cantábrico quedan en manos de la República. Dentro de cada territorio la circulación de personas y mercancías no es del todo imposible, aunque en muchos casos se precisan salvoconductos y protección.

Abastecimiento
Desde Andalucía, Zacarías Zulategui viaja a menudo hasta su tierra natal, Navarra, en búsqueda de material que pueda vender en sus armerías de Sevilla y Córdoba. Además de los artículos deportivos se intenta ofrecer en las tiendas cualquier producto de primera necesidad que ayude a tirar adelante. En Sevilla, como en la mayoría de ciudades, los alimentos escasean; para conseguir un quilo de patatas o media docena de huevos Zacarías Zulategui acude a los pequeños pueblos rurales donde intenta comprarlos o canjearlos por algún producto que pueda interesar a los agricultores.  

En unos tiempos en que las únicas constantes son las muertes, los tiros, los bombardeos, las penurias, en cada zona o ciudad los propietarios de establecimientos deportivos deben hacer frente a las situaciones particulares con que conviven. Los ejércitos requisan a menudo los productos de las tiendas, las bombas destruyen establecimientos, algunas fábricas son militarizadas en el bando nacional, en el bando republicano son colectivizadas.

En Oviedo, ciudad que resiste al asedio del ejército sublevado hasta finales de 1937, el propietario de Deportes Cerra intenta salvar la mayor parte del material de su tienda -ubicada en una zona que es pasto de los bombardeos- guardándolo en su vivienda. El establecimiento no resiste la caída de las bombas y queda destruido. Más tarde el negocio deportivo continuará en otro local en la calle Gil de Jaz.

Militarización
En San Sebastián José Luis Miner, una figura del ciclismo dedicado a la venta y reparación de bicicletas desde 1926, se dispone en 1936 a trasladar su boyante negocio a un amplio local en esquina con 9 grandes escaparates. El estallido de la guerra frena un traslado que ya nunca se va a producir. La principal empresa que representa Deportes Miner es Garate Anitua y Compañía (G.A.C.). Su fábrica va a ser destruida por los bombardeos de la aviación dejando sin posibilidad de suministro a José Luis Miner, quien intenta continuar con su negocio durante la guerra para conseguir el sustento necesario para su familia. Pero el material de que dispone el establecimiento es también requisado por el ejército. Sin recursos, Miner debe intentar subsistir volcándose en las reparaciones y en la fabricación propia de bicicletas, ingeniándoselas con el escaso material que puede encontrar y los limitados medios de que dispone.

G.A.C. era una antigua empresa de armamento de Eibar que tras la crisis que afectó a la importante industria armera de la ciudad reconvirtió su producción dedicándose también a la fabricación de bicicletas. El mismo camino iban a seguir Orbea y BH. Estas dos empresas van a ser militarizadas por las tropas de ocupación y obligadas a fabricar armamento para el ejército franquista. A sus propietarios se les concede el rango de tenientes y acuden a su trabajo con el uniforme y las estrellas de esa jerarquía.

Ásilo de italianos
En Álava, desde la guarnicionería de Antonio Belakortu -donde desde 1914 se elaboran aparejos para los caballos y más tarde se introducirá una sección de caza y pesca que se va ampliando a otros deportes- se puede observar con impotencia el aeropuerto del que parten los aviones alemanes que bombardean Guernica. Los jefes del ejército nacional en la ciudad obligan con amenazas a Belakortu a trabajar para el ejército. Su cometido es fabricar camillas. El almacén del establecimiento también es requisado y en él se atiende y guardan las pertenencias de los soldados italianos que colaboran con el ejército franquista. El ejército también obliga a Belakortu y otras familias de la ciudad a alojar en sus domicilios a los soldados italianos.

Y mientras la guerra avanza, a la vez se intenta mantener una sensación de normalidad en las retaguardias. En el bando nacional, se forma una selección nacional en 1937 con un marcado objetivo propagandístico. Vestida de azul para evitar el rojo republicano se enfrenta en Vigo a la selección portuguesa. En Sevilla se organizan partidos entre "señoritas raquetistas" eso sí debidamente ataviadas para presentar un "espectáculo completamente moral y deportivo". La pelota vasca mantiene su actividad en el Euskal Jai de pamplona, en el Moderno de San Sebastián… Hay combates pugilísticos y partidos de fútbol amistosos con fines benéficos. Los futbolistas afectados por la movilización gozan de permisos especiales para satisfacer a una afición ávida de ver fútbol.

Juan Francisco Lezama, joven tendero de deportes Guisasola que compartía su trabajo con la afición al fútbol -deporte en el que había destacado como jugador antes de la contienda -, es hecho prisionero por el bando nacional en el último año de guerra. Es trasladado a Valencia y encarcelado. Allí un militar le reconoce por haberle visto jugar en Vizcaya y lo excarcela a cambio de que pase a integrar un equipo de fútbol del ejército vencedor. Al verle en los primeros entrenamientos no reconoce al joven hábil con el balón de unos años atrás. Lezama no puede hacer más que pedir algo de tiempo y alimentos para recomponer sus fuerzas mermadas tras tres años de sufrimientos compartidos con un sinfín de compatriotas.

La guerra finalizada, la vida intenta volver a su rumbo. Durante lo que serán largos años seguirá imperando la hambruna, la escasez y la represión. Los medios son escasos tanto para los consumidores como para los comerciantes y las necesidades muchas, sin olvidar las que no se basan estrictamente en la manutención. Las ilusiones también deben ser recuperadas. Así un asiento en el libro de ventas de la Gran Armería Altarriba registra unos ingresos de 110 pesetas en el día de reyes de 1939, muestra de que no son muchos quienes pueden comprar a los más pequeños el esperado regalo.