Un hotel artístico

El hotel Claris, en el centro de Barcelona, convierte en una experiencia estética la estancia en sus habitaciones

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Publicado en el 2000
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Está escrito: "si no fuera un hotel, sin duda sería un museo". Ya sólo entrar al hall del hotel Claris, en pleno centro de Barcelona, se puede compartir la acogedora estancia con un hierático Julio César, togado, sentado en su silla consular, esculpido en mármol en el siglo I a.C. Tras él fluye el agua cayendo en cascada sobre un techo y paredes de cristal, alimentando un estanque interior sobre el que vive la recreación de un jardín japonés.

Pero las obras de arte acompañan también al huésped de cada una de las habitaciones: esculturas indias y birmanas de los siglos V al XIII, grabados originales de la campaña de Napoleón en África, mobiliario de los siglos XVIII y XIX, kilims turcos que formaban parte de la colección completa de Lord Cromwell, litografías de Guinovart realizadas en exclusiva para el hotel… La presencia de esas singulares piezas artísticas se une a un diseño diferente para cada habitación, con lo que cada una desarrolla su propia identidad, ninguna es igual a otra. Son en total 121 estancias, entre ellas 20 junior suites y 18 suites dúplex.

Junto al arte milenario presente en el hotel Claris, unos diseños síntesis de tradición y modernidad y las atenciones cotidianas abundan en pos de convertir el paso por él en una experiencia estética, mediante pequeños, pero agradables, detalles: una flor natural alegra cada día el cuarto de baño, una botella de vino recibe al huésped a su llegada, un cuidado y coqueto set de baño que ningún cliente podrá resistir a llevarse con él… La continua renovación del mobiliario, en permanente restauración, de los colores de las paredes, de las cortinas, de los elementos decorativos persiguen que el huésped que retorna encuentre siempre un nuevo aliciente en su visita.

En las alturas
La terraza del hotel es uno de los lugares preferidos en cuanto acompaña el buen tiempo, tanto por los huéspedes habituales como por destacadas personalidades de la sociedad barcelonesa que gustan de cenar en ella en las plácidas noches de primavera y verano. De día, es lugar predilecto para quienes desean dejarse acariciar por el sol, refrescarse en la piscina mientras se divisa el techo de Barcelona, hacer ejercicio en las máquinas de fitness o disfrutar del restaurante al aire libre, rodeados de la vegetación de un jardín natural en las alturas. De noche, una selecta carta ofrecida en ese privilegiado ambiente ha conseguido que la terraza sea uno de los lugares más concurridos del hotel.

No menos apreciada es la cocina de sus otros dos restaurantes, Ampurdanés y East 47. Este último toma su nombre de la calle donde Andy Warhol tenía su "Factory" y una parte del espíritu de la obra del artista pop preside el espacio. Así la renovación es nota característica de las obras que embellecen las paredes, convirtiéndolas en un mural en movimiento. La cocina, bajo la dirección del joven cheff Miquel Calzado, incide también en un trabajo artístico que amalgama colores, aromas, sabores y texturas. Junto a la ya tradicional presencia en el Restaurante de caviar Sevruga, Oscietra, Selección Doré o Beluga, nuevos platos en una creación continuamente renovada aparecen en la carta: sopa de pescado de roca con lasaña de verduras, Foie de pato mi-cuit con piña en texturas y ánguila ahumada, Lomito de rape con sofrito de jengibre, aceite de tinta de calamar y sus crujientes… 

Un nuevo hotel en un antiguo palacio
El hotel Claris fue inaugurado en 1992. El proyecto del que nació el hotel, realizado por Martorell, Bohígas y Mackay, consiguió la transformación del viejo palacio Vedruna, de finales del siglo XIX, combinando tradición con modernidad. La sensibilidad artística mana incluso de las paredes: para la rehabilitación del palacio se creó un taller de cincelado de piedras y otro de carpintería, se hicieron más de 12 kilómetros de molduras de piedra y el biselado artesanal de miles de piezas de mármol blanco.

En la primera planta del hotel se aloja una de las colecciones privadas de arte precolombino más importante de España, propiedad de Jordi Clos. En las diferentes habitaciones se encuentran más de 400 piezas de arte. Con categoría de cinco estrellas Gran Lujo, forma parte de las cadenas internacionales más prestigiosas como Design Hotels, Small Luxury Hotels of the World y Concorde Hotels.