Un campo entre montañas

El Real Club de Golf de Cerdaña se halla en comunión con un paraje idílico

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Publicado en el 2000
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Mientras el jugador queda unos instantes inmóvil buscando en el aire la pelota que un largo drive impulsa hacia las calles y los músculos de todo el cuerpo se relajan tras la tensión necesaria para conectar el golpe, la mirada que persigue la gran parábola de la bola no puede dejar de verse plácidamente rodeada por la belleza pausada de la sierra del Cadí, el Moixeró, los Pirineros orientales. En el Real Club de Golf de Cerdaña ese deporte suma a sus muchos alicientes el participar de una comunión con el paraje de la privilegiada comarca, continuamente presente en los mismos recorridos del campo, donde los greens verdean entre centenarios chopos, abetos y fresnos.  

El Real Club de Golf de Cerdaña fue inaugurado en 1929 por Alfonso XIII. Los inicios del campo de golf estuvieron ligados al nombre de Felipe Bertrán Güell y, desde 1942, al del doctor José Andreu. En 1948, Javier Arana diseñó los recorridos, mantenidos aún hoy, con un escrupuloso respeto a las características del terreno, consiguiendo trazados que todos los aficionados han agradecido a lo largo de los años. En esos 18 hoyos se desarrolla un juego técnico, enfrentado a obstáculos naturales que ponen a prueba la destreza en el approach con el hierro corto. Como complemento a ellos, fueron inaugurados el pasado verano 9 nuevos hoyos diseñados conforme a las tendencias actuales del golf, de golpes largos para salvar lagos, bunkers y grandes distancias.

El club privado del doctor Andreu se transformó en social en el año 1965, por iniciativa de una comisión de jugadores encabezada por José Vilá Marsans, quien actualmente dirige el club. El primer presidente fue el Conde de Godó. Desde sus inicios, el club de golf –situado a dos kilómetros de Puigcerdà- se convirtió en un atractivo más de los muchos que hacen de la Cerdanya un lugar idílico para veranear o pasar los fines de semana. Ha sido siempre un club familiar, de práctica del deporte compartida entre amigos, pero a un tiempo abierto a todos los aficionados al golf. Actualmente son 750 los socios del club, prácticamente la totalidad tienen fijada su residencia principal en Barcelona y pertenecen a las cerca de 250 familias que promovieron la entidad. Esa tradición mantenida hace del club un lugar de reunión, donde todos los socios se conocen y no es raro ver jugar juntos a abuelos, padres y nietos. Cada temporada se desarrollan además diferentes campeonatos sociales y amateurs de golf, entre los que destaca el Campeonato Internacional de la Cerdanya, Trofeo Godó, puntuable para el Grand Prix.

A quien ha tenido la satisfacción de frecuentar la Cerdanya a menudo le habrá sorprendido verse inundado por un sol deslumbrante cuyos rayos ocultaban nubes insidiosas antes de franquear las montañas. Es una más de las peculiaridades medioambientales de este valle, premiado por la naturaleza con una orientación de este a oeste exclusiva en toda Europa. En la pureza de ese aire, los cambiantes colores de la vegetación no dejan encantar en las sucesivas estaciones del año. Ese ambiente y unos recorridos gratificantes hacen que además de los socios, numerosos aficionados al golf y la naturaleza de Barcelona, toda Catalunya e incluso Francia tengan al Real Club de Golf de Cerdaña entre sus preferidos.

El Chalet del Golf
El Hotel Chalet del Golf se levanta en la entrada del campo. Sus salones, con techos y paredes forradas de cálida madera, hacen las veces de club social y lugar de reunión de socios y aficionados. El edificio y sus interiores combinan el estilo de un clásico hotel de club inglés de golf con las peculiaridades arquitectónicas de la Cerdanya, como sus típicos techos de pizarra negra. En cuanto a hotel, dispone de 11 habitaciones y 8 suites que a menudo albergan convenciones o reuniones de empresas en que se busca poder trabajar en un entorno tranquilo y agradable y aprovechar los momentos de relax para jugar al golf.

Gran aliciente del Chalet del golf es también la deliciosa cocina de su restaurant. Platos típicos de la Cerdanya como el pato con peras o las patatas con butifarra del perol tienen presencia destacada en una muestra de la mejor nouvelle cuisine. En la carta no falta un reconocimiento a la tierra de origen del gerente y anfitrión del Chalet, Alberto Luccarini, con 30 años de experiencia en la casa: el risotto con seps o los tagliatelle salteados con verduritas y langostinos han ganado lugar de prestigio en el paladar de los comensales.