Subiendo y bajando

Ascensores, elevados desconocidos

Publicado en

CNR
Publicado en el 2002
Facebook Twitter Google plus Linkedin Email Share/Save

Información relacionada

Tan acostumbrados estamos a verlos y usarlos que pueden pasar inadvertidos: excepto cuando fallan o no hay. Los ascensores vienen acompañando en la vida cotidiana de las grandes ciudades desde finales del siglo XIX. Cada vez más seguros, más confortables, más rápidos, más inteligentes… el último gran proyecto, el más innovador, es el Elevator Space que la NASA planea construir hasta el espacio para el año 2050. Entre tanto, seguiremos usando los ascensores terrestres, que por sí mismos constituyen otro mundo de tecnología, técnica y relaciones humanas.

En cierta manera, los ascensores posibilitan la existencia de los edificios altos y de los rascacielos. Gracias a ellos ha sido posible construir la moderna "ciudad vertical". Como explica el Consejero Delegado de Zardoya Otis, Mario Abajo, "se cuenta que uno de los creadores del neumático aseguró que el automóvil no pasaba de ser un accesorio de su invento, puesto que sin él su velocidad y comodidad serían ínfimas. De la misma manera, podemos afirmar que la edificación en altura también es un accesorio del ascensor".

Así, según la consideración del directivo de Zardoya Otis, las catedrales góticas demuestran que no es reciente la posibilidad de construir edificios de una altura respetable; pero sólo a partir de la generalización del uso del ascensor, una vez que éste se convirtió en un transporte seguro para las personas, empezó a desarrollarse verdaderamente la construcción de edificios altos, se modificaron las posibilidades arquitectónicas y urbanísticas y nuestras ciudades empezaron a configurarse tal y como hoy las conocemos. El ascensor, sin duda, juega un importante papel en numerosos aspectos de la vida cotidiana, propiciando un nuevo marco de trabajo y de relaciones en la forma de vida en las ciudades.

El doctor Ted Dunnagan, Visual/Sunglass Consultant de Chicago quien se presenta además en su tarjeta de visita como 60's survivor, calcula que pasa alrededor de una hora diaria en tránsito vertical, subiendo y bajando en los múltiples ascensores que debe tomar para realizar visitas comerciales a sus clientes. "Según mi experiencia -explica- en el ascensor se debe estar relajado, puedes aprovechar para repasar algún documento o para reflexionar sobre lo que quieras, ya pueda ser acerca del trabajo que llevas entre manos o sobre la lista de la compra; pero a mí también me gusta estar receptivo, abierto a la comunicación con mis compañeros de viaje aunque se trate de un corto trayecto. Ya se sabe, después de un principio puede haber una continuación e incluso hacer buenas amistades".

En el reducido microcosmos en que se convierte un ascensor hay aún espacio y tiempo para que ocurran los más dispares sucesos o pensamientos. No en vano, en cierta manera, allí se altera aunque sea de manera imperceptible, gracias a la suavidad del viaje permitida por los avances técnicos, la relación espacio-temporal: los ascensores más avanzados pueden viajar a una velocidad de 15 metros por segundo. En esos trayectos pueden suceder desde silencios lapidarios hasta cómplices miradas furtivas; desde un encontronazo casual, que puede desembocar en algo más, hasta la repetición cotidiana de ese particular tipo de cita que puede dar pie a una relación más estrecha. No hay que olvidar que los ascensores se han convertido también en un mito erótico, algo que es continuamente explotado por los publicistas en los anuncios televisivos. Y prácticamente la totalidad de estrellas cinematográficas ha precisado coger algún ascensor para resolver asuntos de su vida en la ficción.

Y si existe un buen número de grupos musicales que han utilizado el nombre del ascensor para darse a conocer al público o como título para alguno de sus discos (por ejemplo, Elevators, 13th Floor Elevators, Los Ascensores o "Music for Elevators" de Anthony Stewart Head & George Sarah), también dentro del estilo musical conocido como Muzak -música de ambiente para espacios públicos- existe un buen repertorio de composiciones creadas expresamente para ser oídas en los ascensores. Pero si ello puede servir para amenizar el viaje vertical, las últimas tendencias de "ocio" en estos lugares se dirigen a incorporar una pantalla conectada a Internet en la cabina de los ascensores.

Seguridad, comodidad
Pero más allá de procurar un viaje entretenido, según explica Mario Abajo, "la prioridad fundamental es siempre la seguridad tanto de los usuarios como de los trabajadores que se encargan de la instalación y mantenimiento del equipo y en este sentido se trabaja y se investiga cada día". Cabe señalar que existen torres de ensayo específicamente construidas para testar los prototipos y nuevos elementos de seguridad. En España, el centro de investigación del ascensor del Instituto Tecnológico de Aragón ha inaugurado recientemente en Zaragoza una torre de ensayos de 22 metros de altura, la primera que ha sido auditada por las instituciones europeas.

Por otra parte, el consejero delegado de Zardoya Otis explica que "en cuanto a prestaciones, la tendencia se dirige al ahorro de espacio, de costes tanto constructivos como energéticos y a proporcionar un mayor confort de viaje a los pasajeros". Y es que los ascensores se convierten en un sistema básico de transporte en aquellos edificios de una altura media, de entre seis y ocho pisos, y son imprescindibles para moverse en construcciones más altas y, por supuesto, en los rascacielos. Baste señalar que las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York contaban con 244 ascensores, con capacidades de hasta 4.536 kg y velocidades de hasta 488 m/min. Por su parte, el edificio Sears-Roebuck, en Chicago, de 110 pisos, tiene 109 ascensores que alcanzan velocidades de hasta 549 m/minuto.

Ascensores que piensan
En los grandes rascacielos, esos modernos ascensores disponen de avanzados sistemas de control con microprocesadores integrados que los dotan de inteligencia artificial. Así, por ejemplo, son capaces de recordar a qué piso quiere ir cada uno de sus ocupantes o pueden calcular el tráfico de viajeros y organizar los recorridos decidiendo la estrategia óptima para dar un buen servicio en todo momento. Sin embargo, los continuos cambios en la demanda por parte de los usuarios provocan que no exista un algoritmo de control óptimo para cualquier situación. Ante ello, técnicas de desarrollo reciente como las redes neuronales artificiales, la lógica borrosa o los algoritmos genéticos - según explican los técnicos del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Zaragoza, Antonio Miravete, Narciso Tolosana y Ana Alonso - son empleadas cada vez con mayor frecuencia para gestionar grupos de ascensores que operan conjuntamente. Los dos objetivos principales son reducir el tiempo de espera de los usuarios y minimizar la potencia consumida por el sistema.

Esas técnicas forman parte de lo que se conoce como soft-computing. Las redes neuronales artificiales copian la estructura de un cerebro humano para generalizar conocimiento y responder ante situaciones no planteadas en su aprendizaje; la lógica borrosa imita la forma de razonar de los seres humanos para reaccionar eficientemente ante información imprecisa; los algoritmos genéticos parten de la teoría de la evolución para decidir la mejor solución en problemas con un elevado número de variables. Usando esas técnicas, los microprocesadores de los ascensores son capaces de decidir el recorrido óptimo en situaciones de tráfico muy denso.

Y es que al principio, a comienzos del siglo XX, en los primeros rascacielos construidos, los ascensores recorrían todos los pisos y atendían las llamadas desde cualquier rellano. Pero pronto se demostró que la solución al problema del tráfico vertical pasaba por crear un sistema zonal. Así, por ejemplo, en un rascacielos de 60 pisos un grupo de elevadores recorrería únicamente los pisos más bajos, del 1 al 20. Otro grupo se encargaría del tráfico vertical de los pisos 21 a 40; así, desde el vestíbulo se desplazaría directamente hasta el piso 21 y en al bajar de nuevo al hall tampoco se detendría en los pisos inferiores. Un tercer grupo de ascensores haría lo propio con los pisos más altos, del 41 al ático.

Un poco de historia
Las grúas y ascensores primitivos, accionados con energía humana, animal o con norias de agua, estaban en uso ya en el siglo III a.C. Los antiguos egipcios utilizaron sistemas elevadores para mover los grandes bloques de piedra que servían para la construcción de las pirámides. Arquímedes, como no podía hacer menos, aplicó su Ley de la palanca y sus poleas y fabricó -allá por el año 230 a.C.- lo que podríamos considerar el primer ascensor, tal como nosotros lo entendemos. Ya en el año 80 de nuestra era, el emperador Tito, tras la inauguración del Coliseo romano, mandó crear grandes montacargas para subir a los gladiadores y las fieras desde los fosos hasta la arena del circo. Pero la energía animal que movía principalmente esos sistemas de elevación no pudo ser sustituida por otra hasta que James Watt inventó su máquina de vapor a principios del siglo XIX. Así, en 1835 una fábrica inglesa instalaba el primer ascensor movido por una máquina de vapor y en 1845 William Thompson diseñaba el primer ascensor hidráulico, accionado por la presión del agua corriente.

Pero para que el ascensor empezara a convertirse en el transporte que conocemos hoy fue necesaria la intervención de Elisha G. Otis: en 1853 inventó un dispositivo de seguridad que hacía apto el uso de los ascensores para las personas, minimizando el riesgo ante un posible accidente gracias a su invento "el paracaídas". Otro gran paso adelante lo dio el inventor alemán Werner von Siemens, quien introdujo el motor eléctrico que se iba a convertir en el principal medio de alimentación energética de los ascensores modernos.

A las estrellas
Desde entonces han continuado sin cesar las innovaciones y avances en todos los aspectos: confort, velocidad, seguridad y, sin duda, el ascensor más espectacular actualmente en proyecto es el elevador al espacio que estudia fabricar la NASA: una conexión constante y permanente con las estrellas que podría estar al alcance incluso de los turistas hacia el año 2050. Ese proyecto demuestra la fiabilidad y seguridad de este medio de transporte que, no obstante, no queda exento de riesgos aunque puedan ser por debidos a causas ajenas a él mismo.

Así, por ejemplo, en caso de incendio de un edificio las normas prohiben terminantemente coger los ascensores, ante el peligro de que queden bloqueados entre dos pisos debido a la acción del fuego. Sin embargo, algunas personas pudieron salvar sus vidas el pasado 11 de septiembre gracias a que bajaron en ascensor antes de que se desplomaran las Torres Gemelas. Al respecto, Mario Abajo explica que "en determinados edificios podemos encontrar ascensores específicos para ser usados por los bomberos en caso de incendio, que han sido construidos en huecos separados y específicamente diseñados para evitar la propagación del fuego".

Evidentemente, es difícil prever y estar preparado ante un suceso como el ocurrido el 11 de septiembre en Nueva York. Pero, curiosamente, hay un precedente cercano que tuvo repercusión en lo relativo a los ascensores: en el año 1945 un modelo Otis de ascensor instalado en el Empire State Building de Nueva York sufrió una avería en sus cables y sistemas de seguridad. La causa fue que un avión bombardero AB-25 se incrustó entre los pisos 78 y 79. Ante ello, la compañía Otis Bros. & Co. difundió un comunicado con el siguiente mensaje: "nuestros elevadores no están, ni pretenden estar, fabricados a prueba de colisiones de aviones".