Resucitar el desierto

Sistemas para poblar de vegetación los desiertos

Publicado en

CNR
Publicado en el 2003
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Avanzada tecnología de recreación de modelos climáticos virtuales mediante superordenadores puede ayudar a atraer la lluvia hasta zonas desérticas. El modelo se encarga de prever cómo la presencia de vegetación en un punto determinado de una zona árida puede incidir en la formación de nubes y la llegada de precipitaciones. A partir de ahí siguen siendo necesarios todos los recursos que los científicos desarrollan para permitir el inicio del ciclo, con el crecimiento de vegetación en una zona árida. El sistema podría permitir no sólo frenar la desertificación sino incluso, quien sabe, crear vergeles al resucitar desiertos.

Un bosque de 50 quilómetros cuadrados será plantado durante este año en los márgenes del Mar Rojo en una zona desértica de Arabia Saudí. Un supeordenador encargado de realizar modelos climáticos a escala global, el Earth Simulator, ha calculado que la creación de un cinturón verde en ese especial enclave donde circula una corriente de aire húmedo producirá la atracción de una masa de nubes y la llegada de lluvia hasta esas zonas desérticas donde nunca se producen precipitaciones. De confirmarse sus estimaciones, el Sistema de Predicción de Circulación del Agua desarrollado en este proyecto podría servir no sólo para transformar en paraísos verdes otras zonas áridas sino también incluso, a la inversa, para actuar previniendo inundaciones en zonas del mundo propensas a ese tipo de desastres naturales.

Actualmente -y  a pesar de la desertización creciente que hace desaparecer anualmente 24 billones de toneladas de tierra fertil y amenaza a un 40% de la superficie del planeta con un grave perjuicio para la supervivencia de más de mil millones de personas- ya se ha demostrado que es posible ganarle la partida al desierto. Por poner un productivo ejemplo, en los entornos de Najran, una localidad del desierto del sudoeste de Arabia Saudí, se cosechan anualmente 50.000 toneladas de naranjas, limones y mandarinas. Los cítricos se han adaptado perfectamente al suelo arenoso gracias a los esfuerzos realizados desde el año 1982 por una fundación local llamada Centro de Investigaciones sobre Desarrollo Hortícola, que experimentó con más de 100 variedades vegetales hasta encontrar a las que podían aclimatarse mejor a las áridas condiciones, creó un sistema de riego por goteo y utiliza una adelantada tecnología en el estudio del ADN de los cítricos para vigilar su buena salud y detectar cualquier presencia de microbios o virus en ellos. Hasta tal punto ha llegado el éxito de los cítricos en esa ciudad que se la conoce como Naranja del desierto.

Dominar a la lluvia
La novedad del proyecto diseñado a partir de los análisis del Earth Simulator radica en que se persigue activar un ciclo natural capaz de producir lluvia y convertirse en autosuficiente. Según explica Carlos Yagüe, profesor de geofísica y meteorología de la Universidad Complutense de Madrid, “la reforestación de un terreno desértico forzosamente debería revertir en el aumento de humedad en el suelo, con lo cual se produciría evaporación de agua  -más aún en esas zonas afectadas por un fuerte calor- y ante una presencia de nubes estas aumentarían su concentración de humedad de forma que se podrían producir precipitaciones”.

Claro que, advierte el profesor Yagüe, la primera dificultad se halla en dar el primer paso: conseguir el crecimiento de vegetación en terrenos sin agua. Frente a ello, investigaciones científicas en todo el mundo están buscando diferentes soluciones como un plástico perfeccionado por el investigador japonés Tomaya Masao que, enterrado junto a las semillas, se convierte en agua lentamente. Masao, director de la asociación Reverdecer los Desiertos, ha experimentado con éxito su técnica en todo el mundo aunque, advierte, “cada desierto tiene sus propias características y hay que actuar según ello, el desierto de México está influenciado por el océano cercano, mientras que en Egipto y Emiratos Árabes Unidos son excepcionalmente cálidos y secos y en el Gobi es frío casi todo el tiempo”.

Los modelos climáticos
Y ante la gran complejidad del sistema atmosférico, la predicción de los modelos climáticos que realizan los superordenadores se descubre como la gran herramienta para poder decidir donde es conveniente realizar una reforestación que pudiera desencadenar un proceso natural para la recuperación del terreno. Según explica Manuel Castro, catedrático de Meteorología y Climatología de la Universidad de Castilla-La Mancha y director del único modelo climático español, llamado Promes, “no hay una relación ineludible, inequívoca entre reforestación y mayores precipitaciones, es por eso que las investigaciones más avanzadas se dirigen a analizar mediante los modelos climáticos cuáles son los lugares en los que la presencia o ausencia de vegetación podría alterar el clima, de forma que se produjeran precipitaciones o, al contrario, aumentase la desertización debido a la deforestación. Tras contar con esas previsiones, se puede valorar la inversión económica necesaria para realizar la actuación”.

Por otra parte, con ese tipo de modelos se está prestando una especial atención a la evolución y posibles efectos del cambio climático y, según afirma Manuel Castro, las previsiones del Promes son que a finales de este siglo las temperaturas máximas y mínimas en el Mediterráneo aumentarán entre 8 y 10 grados centígrados, de manera que por ejemplo la península Ibérica tendrá una temperatura similar a la existente en la actualidad en Argelia y Marruecos.

El papel de los satélites
Pero en lo que respecta a la recuperación de los desiertos, algo que por otra parte podría ayudar a frenar el calentamiento del planeta, también está siendo de gran utillidad la información que ofrece el satélite TRMM, una misión conjunta de Estados Unidos y Japón encargada del estudio del clima y la previsión de inundaciones. Científicos de la Universidad Hebrea de Israel utilizaron datos obtenidos por el satélite para concluir que, al contrario de lo que se creía, una mayor cantidad de polvo en el aire no es un producto de la falta de lluvias sino que es precisamente el polvo lo que puede obstruir e impedir la llegada de lluvia.

Esa investigación se revela destacada porque anteriormente numerosos científicos pensaban que las grandes partículas de polvo podían acelerar la formación de lluvia, formando grandes condensaciones de nubes y gotas de lluvia más grandes. Pero según el director del estudio, Daniel Rosenfeld, “se ha demostrado que las partículas de polvo del desierto contiene pequeñísimos materiales que absorben el agua y evitan la lluvia”. A partir de estos datos, se puede por ejemplo luchar mejor contra las sequías que han durado décadas en el Sahel africano.

El papel humano
Pero si bien la tecnología moderna puede contribuir a contener el avance del desierto -según palabras de la subdirectora de agricultura de la FAO, Louise Fresco- la degradación de las tierras también es un problema humano, es importante conocer sobre el terreno lo que pasa y la población debe participar en su solución. Para la FAO la telepercepción de los satélites en combinación con la elaboración de modelos climáticos y la verificación de los datos sobre el terreno puede permitir a los expertos recuperar las zonas con mayor fiabilidad. Pero en cualquier caso es necesario aunar la tecnología con el factor humano.