Perspectivas en tercer milenio

Afrontando el cambio de siglo

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Publicado en el 2001
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Ya a nadie puede caber la duda de que nos hallamos en el tercer milenio, tras tanta discusión sobre si entramos el pasado año o lo hemos hecho este 2001, lo cual sostienen –como ha escrito un cronista- “los matemáticos que aprendieron a contar a partir del 1”. Y aunque a primer golpe de vista las cosas a nuestro alrededor en este nuevo siglo no parecen tan distintas de las de hace unos días en el pasado milenio, tampoco a nadie puede caber la duda de que “los tiempos están cambiando”. Pero ello no es un invento de la modernidad, ya hace tiempo que cambian. Labor de toda vida ha sido siempre adaptarse a los nuevos aires, y en ello estamos desde que el mundo es mundo.

Así, obviado y superado ya hace siglos –aunque algunos parecen olvidarlo- que la Tierra no es el centro del Universo, ¿qué nos depara este tercer milenio? Los más esotéricos dicen que ya tenemos entre nosotros niños con poderes sobrenaturales, capaces de materializar su pensamiento. Por ejemplo, que quieren una pizza, “voilà” ante ellos está. Si bien ante esas afirmaciones cabe una duda razonable -aunque alguno dirá “tiempo al tiempo”-  la mayoría coincide en que las nuevas generaciones son más altas, más fuertes e incluso más listas. Mientras las dejamos crecer, fijémonos en lo que ya va pasando a nuestro alrededor.

Los expertos en márqueting no han dejado de observar que, a pesar de disponer cada vez de más tiempo libre en nuestra moderna sociedad industrializada, la percepción más extendida es “que no tenemos tiempo para nada”. La obsesión por ahorrar tiempo en la compra y la elaboración de alimentos lleva a muchos españoles a evitar pasar tiempo en la cocina y acudir a restaurantes o buscar servicios a domicilio. En ambos casos la rapidez en el servicio sigue siendo para ellos primordial. Pero a la vez ha crecido la preocupación por la salud, y en concreto sobre la influencia de la dieta alimenticia en el bienestar. Casos como el de la enfermedad de las “vacas locas” han aumentado la inquietud sobre la preparación de los alimentos. La dieta mediterránea en general y la pastas o pizzas, además de otros platos de carne o pescado de la tradicional restauración italiana, gozan ya de la aceptación del consumidor, tanto por sus cualidades gastronómicas como por su aporte a una dieta saludable y son aspectos en los que nunca está de más seguir abundando en el restaurante o pizzeria.

Más cosas han observado los expertos en márqueting. Paco Underhill, de la firma Envisorell Inc., expuso en un estudio que el reto más importante del siglo XXI es la comprensión de lo que significa la evolución del papel de hombre y mujer en la sociedad. En su exposición, ejemplificada en el marco de unos almacenes o supermercado, afirmaba que tradicionalmente las mujeres han controlado el 80% de los gastos de la familia y que su estilo de compra incluía hacer preguntas y tomarse tiempo para decidirse. También, asevera, “se sabe que disfrutan comprando y gastan más cuando compran en compañía de otras mujeres”. Pero en la actualidad, añade, “con su entrada en el mundo laboral las compras ya no representan para las mujeres una vía para escapar a la responsabilidad de maridos, hijos o las monótonas tareas domésticas ni son su única forma de interactuar en un mundo de adultos”. Ante ello, Underhill apuesta porque los productos deben ser presentados de manera “que las hagan soñar” y a la vez se debe prestar más atención a los aspectos destinados específicamente a la mujer. En su alegoría, pone como ejemplo que “los fabricantes de coche deben colocar espejos para maquillarse en todos los vehículos y no sólo en los más modernos”.

Aunque no sea aplicable al marco de la restauración, no está de más recoger las palabras que Underhill dedica al rol de los hombres: “hay que dejar de considerar a los hombres como mascotas exóticas que las mujeres llevan a la compra. El mundo de las tiendas, tradicionalmente femenino debe hacerse más agradable a los varones. De hecho ellos están haciendo más cosas que vagar por los pasillos, como comprarse los calzoncillos por sí mismos, pero surge un problema: es muy posible que no sepan la talla que usan, de manera que hay que ponérselo fácil para que tengan los elementos suficientes para acertar en la compra”. En un asunto, aplicable a todos los establecimientos, seguro que acierta Underhill: “uno de los retos más importantes para el propietario de un negocio es llegar a la comprensión de la experiencia en la atención al cliente, haciendo lo mejor que se puede hacer en cualquier caso, usar el sentido común”. Esperemos que de estas notas puedan extraer alguna conclusión que les ayuden a aplicarlo en el mayor beneficio posible.