Nanotecnología

La nanotecnología se mueve en un espacio invisible: en un nanómetro caben entre tres y cinco átomos

Publicado en

CNR
Publicado en el 2003
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Operando sobre el invisible mundo de lo nanométrico, la nanotecnología está demostrando su capacidad para cambiar todo que nos rodea y a la misma humanidad. Sus aplicaciones ya están presentes en productos de consumo habitual y en un futuro lo nanotecnológico puede llegar a mover el mundo.

Actualmente nadie duda de que la nanotecnología va a afectar a todos los aspectos de nuestras vidas. De hecho ya lo está haciendo, pero en un futuro muy próximo se espera que sus implicaciones sean mucho mayores, sin dejar de intervenir en ninguna parcela del mundo en que nos movemos. Hay quien habla de una revolución que puede hacer cambiar incluso al sistema económico. Y los más apocalípticos prevén un futuro poblado de millones de nano-robots capaces de imponer su voluntad sobre la humanidad. La nanotecnología se mueve en un espacio invisible. Si la microtecnología permite operar en la escala del micrón –la millonésima parte de un metro, es decir, la milésima parte de un milímetro-, la nanotecnología actúa sobre un espacio aún mas pequeño: un nanómetro es la milésima parte de un micrón, es decir, la millonésima parte de un milímetro. En un nanómetro caben entre tres y cinco átomos.

La capacidad de trabajar con átomos, moléculas o células abre unas posibilidades hasta hace poco desconocidas. Hay quien otea un futuro en el cual invisibles nano-robots levantarían edificios, aparentemente desde la nada, con la combinación de los átomos necesarios; igualmente, nanofactorías podrían crear todo tipo de productos sin precisar la intervención humana y donde la materia prima no sería algo palpable; en otros campos, podrían ser enviados al interior del cuerpo humano para que reconstruyeran célula a célula tejidos dañados o para que acabasen con un temor cancerígeno o cualquier bacteria; podrían también eliminar la polución ambiental, purificar el agua contaminada o tapar el agujero de ozono... y, realmente, algunas de estas aplicaciones ya son prácticamente posibles, y se están llevando a cabo, desde el estado actual de desarrollo de las nanociencias.

Una realidad visible
Si bien se tiene por aceptado que la puerta de entrada al mundo nanométrico fue abierta en el año 1959 por el premio Nobel de Física Richard Feynman, cuando en una famosa conferencia dijo “hay mucho sitio allí abajo”, fue en 1986 cuando Eric Drexler, un estudiante de pregrado del Instituto Tecnológico de Massachusetss, planteó la posibilidad de crear sistemas de ingeniería a nivel molecular. La evolución desde entonces ha sido continua, no sólo las principales universidades del mundo cuentan con departamentos de investigación, sino que también las grandes compañías mundiales están investigando en este campo y comercializando multitud de productos que incorporan elementos nanotecnológicos: ropas revestidas de nanocristales que repelen las manchas, bebidas con nanopartículas aditivas, medicamentos con la capacidad para detectar y eliminar bacterias, herramientas y materiales superfuertes desarrollados con nanocompuestos, cosméticos... Según la directora del Stirling-based Institute of Nanotechnology, Otilia Saxl, “la nanotecnología es ya una tecnología del presente, sin ella no tendríamos CD’s, impresoras de inyección de tinta o muchos de los medicamentos que dependen de las nanociencias, en fin, muchos productos creados con nanotecnología están en las tiendas”.

En el mismo sentido, el director ejecutivo de la Asociación Europea de NanoNegocios, Tim Harper, “estamos asistiendo al principio de una revolución, gracias a la nueva habilidad para trabajar en la misma escala que la Naturaleza, que afectará a cada aspecto de nuestras vidas, desde las medicinas que usamos hasta la capacidad de nuestros ordenadores, nuestras fuentes de energía, nuestra comida, nuestros coches, nuestros edificios... y todo esto pasará mucho antes de lo que la gente piensa, para el año 2010 no seremos capaces de contar el número de aplicaciones afectadas por la nanotecnología”.

Inversiones
Prueba del gran interés por el desarrollo de las nanociencias es la inversión económica que se está realizando también a niveles gubernamentales. En los últimos años, Estados Unidos ha invertido 1.100 millones de euros en investigaciones relacionadas con la nanotecnología. Por su parte, la Unión Europea ha presupuestado 1.300 millones de euros para ese apartado durante los años 2002 y 2006.

Asimismo, la economía nanotecnológica baraja cifras nada diminutas: según la asociación Nano Business Alliance el mercado global actual de los productos nanotecnológicos supera los 45.000 millones de dólares anuales, una cifra que la National Science Foundation considera que podría llegar a ser de 1,1 billones de dólares para el año 2015. Ello ha creado una cierta expectativa entre empresas de capital riesgo e inversores bursátiles, aunque hay quien alerta ante la posibilidad de que se pueda crear una burbuja que estalle como sucedió con las llamadas punto.com.

Riesgos
Y es que para algunos todo lo que llegue del mundo nanotecnológico quizá no sea tan idílico. El pasado verano, Greenpeace publicó un extenso informe de 72 páginas titulado “Opciones de hoy de las tecnologías futuras” en el que alerta sobre posibles riesgos que puede entrañar el desarrollo nanotecnológico. Entre ellos, la organización ecologista advierte del peligro de que sean creados nuevos materiales no biodegradables y contaminantes, por lo que solicita una moratoria en la creación de nanomateriales hasta que se formen órganos de control y sea contrastada la inocuidad de las nuevos nano-partículas.

Más allá de eso, el grupo ecologista ETC difundió también el pasado verano el informe “La gran llanura” que llegó a provocar una reacción pública del príncipe Carlos ante la descripción de un posible futuro poblado por nanorobots capaces de autoreplicarse sin fin, de penetrar en el cuerpo humano y de llegar a alcanzar altos niveles de inteligencia y autoconciencia. Igualmente, de plantean una serie de cuestiones éticas -similares a las habidas respecto a la investigación genética- relativas a los límites que se deben establecer en la manipulación de moléculas y la intervención en el proceso de creación de nueva vida artificial o natural.

Por su parte, el Director del Laboratorio de Física de Sistemas Pequeños y Nanotecnología del CSIC, Nicolás García, en un artículo escrito junto al miembro del mismo laboratorio, José Antonio Rausell, consideraban que “en unos 30 años podemos encontrarnos con un mundo poblado por nano-robos formados por millones de moléculas, que sin duda existirán como consecuencia de los avances en genética-nanotecnología-robótica”, un futuro en el cual la dependencia de esos ingenios afectaría a la vida humana y ante lo cual, según García y Rausell, se plantearían interrogantes como “¿hasta que punto nosotros podremos estar en control, o los robots necesitarán de nosotros? O “¿quién tomará decisiones: las máquinas naturales o el hombre?”.

Al respecto, Nicolás García considera que “las implicaciones éticas y morales son claras. Si nuestra vida va estar controlada por pequeños robots, estos deberán ser controlados por otros que provean la información. El acceso a la información es la base del funcionamiento y del conocimiento humano. Es evidente que quien controle estos mecanismos será el que controle los comportamientos. Así, aparecerá una ética nueva que los gobienos o quien sea deberá controlar”.

Las incógnitas aún son numerosas, pero el camino se está andando a una velocidad vertiginosa aunque sea a pasos de la millonésima parte de un milímetro.