Música celestial

En la calma de Collserola construye sus órganos uno de los maestros más reconocidos del mundo

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Publicado en el 2000
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Gerhard Grenzing fijó su taller hace 28 años en la tranquila localidad del Papiol, a escasos kilómetros de Barcelona, al pie de la sierra de Collserola. Siete años antes había desembarcado en Mallorca, procedente de su Alemania natal, con la decidida intención de restaurar los órganos históricos de la isla, legado de un tradicional estilo balear-catalán. "Cada país -explica Grenzing en impecable catalán-  crea su propio tipo de órgano y sonido, ligado a su lengua materna. Cada país tiene una expresión sonora particular y los órganos catalanes se caracterizan por un sonido más brillante y luminoso que el de los alemanes, es un reflejo del carácter mediterráneo de sus creadores". Grenzing está reconocido hoy como uno de los más destacados maestros organeros del mundo. En su taller se han gestado órganos para los más importantes enclaves, como la Catedral de Bruselas, el Auditorio de Niigata en Japón, la catedral y el Auditorio de Madrid, los conservatorios de Seúl y París o la Iglesia de los Venerables Sacerdotes de Sevilla. Actualmente, asume la restauración del órgano del Palau de la Música de Barcelona.

Lo que llamamos silencio -reflexionó hace miles de años un filósofo griego- no es tal, sino el atronador sonido de los planetas y cuerpos celestes que nos llega desde el firmamento. Ellos conforman en su girar una majestuosa melodía, a cuya cadencia tanto se han acostumbrado nuestros oídos que creemos percibir la ausencia donde se da el todo. Desde el silencio aborda Gerhard Grenzing la construcción o restauración de un órgano, pues para él "el silencio es la puerta de la música y de la creación". Después, la paz de catedrales, auditorios, conservatorios o estancias particulares se ve enriquecida al quedar inundada por el imponente sonido del órgano.

Grenzing se explaya pausadamente: "El oído es la única vía para controlar el sonido. Yo imagino el sonido que quiero conseguir, si no lo siento no asumo el proyecto; después entramos en la arquitectura del instrumento, las características técnicas. Por ejemplo, en el conservatorio de París teníamos que conseguir un órgano discreto para ser ubicado en un espacio reducido, pero a la vez debía ser poético, con el colorido propio del carácter latino y también enérgico. Para la catedral de Bruselas era necesario un órgano para una capital, capaz presidir grandes momentos, de impresionar y emocionar, de ser solemne, grave, potente…" Este imponente órgano, ha sido colgado a 13 metros de altura en el triforio de la nave central. Él mismo alcanza 16 metros de altura y 30 toneladas de peso; dispone de 63 registros que requieren de 4.300 tubos para emitir los múltiples timbres sonoros. Los 22 integrantes del equipo de Grenzing dedicaron 40.000 horas a su construcción.

Grenzing deja translucir un carácter forjado a base de firmes principios y dedicación a su trabajo. Agradece hoy las dificultades con que tropezó en sus inicios hace 30 años, cuando extranjero en tierra extraña la restauración de órganos no era además habitual en estos lares. "Los regalos no valen, hay que ganarlo todo", dice. Se muestra orgulloso de haber participado en la reconstrucción del mundo del órgano en Catalunya y España y destaca a organistas contemporáneos que han impulsado ese renacimiento, entre ellos Montserrat Torrente, Josep Maria Mas, Maria Necy o Jordi Figueras.

El maestro organero recuerda cada uno de los 150 órganos que ha construido o restaurado hasta ahora; ellos hablan con su música del trabajo que ha realizado. Él, en su vertiente restauradora ha intentado acercarse lo más fielmente posible al espíritu de la época y el sentido musical con que fueron creados, intentando entender la vida de los organeros antiguos, bebiendo de las fuentes culturales y sociales con que ellos se alimentaron: "antiguamente -explica- se buscaba construir órganos que perdurasen y participaran de la armonía universal, de la que hoy en día nos hemos alejado totalmente". En la construcción de nuevos órganos ha buscado que estén preparados para la ejecución de las obras contemporáneas, de muy difícil ejecución, y que a la vez sigan la tradición de los viejos maestros, alejándose de una nueva tendencia organera de sonoridad agresiva, reflejo de los tiempos actuales. Frente a ella, recuerda los armónicos que se reproducen constantemente tanto en la más pequeña naturaleza como en el macrocosmos. Busca integrar sus instrumentos en la armonía universal: "si el órgano aporta paz y reflexión estamos cumpliendo una misión social muy importante, que produce una gran satisfacción para el creador y vale el esfuerzo de una vida dedicada exclusivamente a este trabajo. Es el mejor pago a la entrega y los sacrificios realizados".

Junto a Grenzing, en su taller, se respira la música que mana del esqueleto de los nuevos órganos aún en silencio. Rápidamente destaca el maestro la importancia del espíritu de unidad de su equipo, la responsabilidad y libertad compartida por todos en la elaboración conjunta de la obra. Insiste en que la entrega de todos está representada en el resultado final, en las notas que suenan en una catedral o auditorio. Música como la que le encandilaba de niño.  Ya entonces le sucedió quedar absorto oyendo sonar un órgano flamenco del año 1550 durante una visita escolar a una iglesia; sus maestros supieron donde buscarlo tras hacer el recuento de los pupilos y descubrir su ausencia. Claramente consciente de su vocación, estudió organería en la prestigiosa escuela de Rudolf Beckerath en Hamburgo y con 17 años se lanzó a la carretera para conocer los más importantes órganos europeos y aprender de los principales maestros. Después el sonido mediterráneo le sedujo y, ya instalado en Barcelona, quiso alcanzar un encuentro entre su formación alemana y las nuevas vivencias latinas de Catalunya. Aquí se propuso afrontar la recuperación del mundo del órgano, una labor que en Alemanía ya estaba muy avanzada pero que en España tenía un gran camino por recorrer, en el que él ya ha dejado su huella.

En estos días, tras una etapa de dedicación a la realización de grandes órganos, Grenzing agradece dedicarse a la  construcción de pequeños órganos para domicilios particulares, cuyos encargos llegan a Papiol desde todo el mundo. También ansía poder desarrollar un proyecto elaborado hace ya años que aguarda la aportación de patrocinadores para su consecución: la restauración del órgano de la Basílica del Pi de Barcelona.