Las pizzas, cuerdas

El mal de las "vacas locas" no afecta a las pizzerías

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Las pizzerías españolas no parecen haberse visto afectadas hasta la fecha por la justificada psicosis creada a raíz del mal de las vacas locas y su transmisión a los humanos. Al contrario, según algunos pizzeros consultados incluso se ha notado un incremento de clientes que podrían haber desertado de otros establecimientos de restauración como pudieran ser las hamburgueserías. Finalmente han reconocido tanto la esquisitez como los beneficios para la salud de las pizzas y la gastronomía italiana, partícipes del ya reconocido equilibrio alimenticio de la dieta mediterránea. El mismo McDonald's -de quien uno de sus proveedores de vacuno se ha visto implicado en al menos un caso de la enfermedad- ha iniciado una diversificación de su oferta que comprende tanto la adquisición o apertura de hoteles, cafeterías y restaurantes mejicanos como de… pizzerías, las cuales ya tiene en funcionamiento en Estados Unidos.

Mientras tanto, en España los clientes habituales de las pizzerías han seguido acudiendo sin recelo. Si acaso, algunos se han interesado por los ingredientes de las pizzas con carne, por la composición de pastas rellenas o la procedencia de la carne presentada en el plato en forma de bistec o entrecot. Ante ello, algunas pizzerías han optado por atestiguar de forma fehaciente los controles sanitarios que debe pasar toda la carne comercializada y sobre todo por destacar la gran gama de pizzas y pasta existente sin ningún tipo de ingredientes cárnicos. Según las administraciones, los controles garantizan que ningún animal enfermo puede entrar en la cadena alimenticia, pero la gran desinformación que de ellas mismas manado ha creado una inquietud que difícilmente podrá ser subsanada a corto plazo.

Cae el consumo de vacuno
La mayoría de los españoles, un 53%, declara que actualmente consume menos carne de vaca, según la última encuesta del CIS. El mal de las vacas locas se ha convertido en el tercer problema que más preocupa a los españoles, por detrás del terrorismo y del paro. El descenso de la carne de vacuno ha caído un 70 por ciento, mientras que ha aumentado un 10% la venta de pescado y un 5% la venta de pollo, conejo y cerdo. A la par, también crece el consumo de otras carnes menos comunes como la de avestruz y potro. Las últimas epidemias de fiebre aftosa declaradas han creado aún mayor desconfianza entre la población, a pesar de que se sabe que la enfermedad no afecta a la salud humana.

El mal de las vacas locas sigue pesando como una losa, máxime cuando según los expertos puede estar incubándose en miles o decenas de miles de personas declararse incluso pasados treinta años. Los más optimistas buscan decir que al menos con esta enfermedad, hoy mortal e incurable, el tiempo juega a favor y que de aquí a unos años se puede haber hallado el remedio antes de que empiece a desarrollarse masivamente.

Un mal anunciado hace siglos
El mal de las vacas locas se origina cuando se busca abaratar los costes de producción mediante el uso de harinas cárnicas. Se supone que el consumo de ese pienso, fabricado con carcasas de ovejas posiblemente enfermas y tratado a una temperatura inferior a la debida, transmitió un prión -una proteína - a las vacas, originando la encefalopatía espongiforme bovina. Los primeros casos se declararon en el Reino Unido en 1986 pero el gobierno inglés no actuó con contundencia para no provocar "alarma social" y no se empezaron a tomar medidas efectivas hasta 1996, un año después de que falleciera la primera víctima humana y la enfermedad se hubiera empezado a extender por toda Europa. Antes se desarrolló una extensa investigación para dilucidar la procedencia del nuevo mal.

Sin embargo, hoy aparecen voces recordando que ya antes de siglo estudiosos romanos recogían en sus libros el hecho de que "un animal que se alimenta de hierba se vuelve loco al comer carne". Igualmente, el científico Rudolf Steiner escribía en 1923 un artículo con las siguientes consideraciones: "si los animales hervíboros comieran carne, el urato aumentaría enormemente en el cuerpo del animal, yendo a instalarse preferentemente en su cerebro y se volverían locos". Tal vez el proceso científico de la EEB no se corresponda con el desarrollo planteado por Steiner, pero de lo que no cabe duda es de que la  inquietud existía desde antaño. Pese a ello, la experiencia reciente ha demostrado que no se hicieron las investigaciones necesarias para garantizar la inocuidad de las harinas cárnicas. Estas fueron prohibidas en el año 1994, pero aún durante las últimas semanas se han seguido incautando en diferentes puntos de España.