La re-conquista de la Luna

El renacido interés por la Luna

Publicado en

CNR
Publicado en el 2002
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Las agencias espaciales, pero también potentes empresas privadas estadounidenses, parecen haberse empeñado en crear un puente aéreo entre la Tierra y la Luna. Después de que en los últimos se hubiera perdido aparentemente el interés por el satélite, actualmente las agencias espaciales de los Estados Unidos, Europa, Japón y China ultiman diferentes excursiones. Pero, sin duda, la gran novedad es que por primera vez una empresa privada realizará un viaje comercial al espacio.

Su nombre es Transorbital. Como no podía ser menos es norteamericana y, previamente, ha tenido que recibir el permiso de los organismos oficiales estadounidenses con competencias en la materia, el Departamento de Estado y la Agencia Nacional de los Océanos y la Atmósfera. Y siguiendo el ejemplo de Transorbital se hallan otras compañías decididas a plantarse en la faz lunar. En un principio, las misiones privadas previstas no son tripuladas, pero nadie oculta la posibilidad de que en un futuro no lejano sea viable el turismo espacial, una modalidad que inició el multimillonario Dennis Tito y que podría estar al alcance de bolsillos no necesariamente tan llenos. Colonias lunares, complejos turísticos, hoteles… de ello hablan los más aventuradas, pero aún son muchas las dificultades a salvar.

El fin del Apolo
Este renacimiento del interés por la exploración lunar en el siglo XXI se produce después de que, tras la finalización en el año 1972 del programa tripulado Apolo, prácticamente desapareciera la atención de las agencias espaciales hacia el satélite vecino. Entonces, a finales de los años 60, los viajes a la Luna impulsados por el presidente Kennedy se enmarcaban en un período de guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, una guerra psicológica por ver quien llegaba primero.

Fue así que los descubrimientos científicos quedaron -según algunos expertos como el astrónomo Steve Maran, un antiguo científico de la NASA- en un segundo plano. Aún y así, la tecnología que se tuvo que desarrollar sirvió para el avance de numerosos elementos de nuestra vida cotidiana, como los primeros ordenadores, los taladros inalámbricos, sistemas de filtración de aire para purificar las cápsulas espaciales que luego pasaron a usarse en hospitales o sistemas de conducción con palanca que posteriormente se adaptaron a automóviles para discapacitados. En cualquier caso, el programa Apolo fue la primera plataforma para la exploración del espacio, pero, en opinión de Maran -actualmente portavoz de la Sociedad Astronómica Estadounidense- "antes del Apolo 11 se creía que la Luna sería una piedra Rosetta de nuestro sistema solar, que escondía en su superficie primordial los secretos del origen de los planetas, pero resultó ser diferente y la Luna fue olvidada como un elemento importante para la comprensión de nuestro universo y de las fuerzas que actúan en él".

Desde entonces, sólo se enviaron puntualmente algunas naves sonda como la Clementine (en 1994) y la Lunar Prospector (en 1999). Las imágenes tomadas en esas misiones parecieron reforzar la hipótesis de la existencia de hielo en los polos lunares. Precisamente, en los objetivos de la mayoría de misiones que ahora se están programando figura la intención de corroborar la presencia de ese hielo; de él se podría obtener el preciado agua, cuyos elementos -más allá de satisfacer la sed-  podrían proporcionar oxígeno para respirar e hidrógeno para disponer de energía. Sobre esa base, se abriría incluso la posibilidad de establecer una colonia humana permanente en la Luna.

A sólo cuatro días
Y es que la visión que se tiene de la Luna ha cambiado. Dennis Laurie, presidente de Transorbital, lo ve claro: "la Luna está madura para su explotación comercial. Está mucho más cerca de lo que se piensa, por lo menos en tiempo de viaje, que es sólo de cuatro días". Y no oculta las intenciones interesadas de su empresa: "no volvemos a la Luna simplemente para explorar, sino que también lo hacemos porque hay oportunidades reales de negocio allí".

Respecto al ímpetu de esas start ups estadounidenses -entre las que también se cuentan LunaCorp, SpaceDev o Idealab- el ingeniero aerospacial David Schrunk, fundador del Instituto de Ciencias de San Diego (California) opina que "los proyectos comerciales van a acelerar la exploración del espacio y su desarrollo, se van a crear unas sinergias, una división de labores en las misiones espaciales. Los gobiernos de los países centrarán más sus recursos en el conocimiento científico, mientras que las misiones comerciales pueden aportar la creación de servicios complementarios".

Es así que en la lista de espera para realizar viajes comerciales a la Luna, la empresa LunaCorp programa el envío de un robot hasta la misma superficie lunar. Para esta compañía, a Luna es "la nueva frontera de los auténticos negocios". De momento, ofrece a grandes empresas la esponsorización de sus proyectos y a los particulares numerosas posibilidades de participar en el viaje espacial, como puede ser la misma conducción de los robots que se hallen en la Luna desde la Tierra usando un simulador o el acceso en tiempo real a su campo de visión lunar.

Tráfico en el espacio
Son también las grandes agencias espaciales las que se están volcando en la conquista de la Luna. El alto cargo de la Agencia Espacial Europea (ESA), Franco Ongaro, no dudaba recientemente en afirmar que "si el espacio es un océano, la luna es nuestra isla más cercana". El programa europeo Aurora prevé en los próximos meses enviar una nave sonda, para posteriormente programar otra misión tripulada que permita al hombre caminar sobre la Luna.

Paralelamente, la ESA última su primera misión a Marte, la Mars Express, y globalmente tiene previstas un total de nueve visitas a diferentes cuerpos celestes durante los próximos 10 años. Ello, junto a las misiones de la NASA, de la Agencia Espacial Japonesa, de la Agencia Espacial China y de las empresas comerciales que se están apuntando a los viajes espaciales podría provocar sino un atasco de tráfico en el vasto espacio exterior, sí una saturación en las comunicaciones dada la gran capacidad de transmisión de datos de cada una de las naves. Ante ello, las Agencias están trabajando en la mejora de las redes.

Y en lo que se refiere a las posibilidades comerciales, diferentes expertos observan en el espacio numerosas oportunidades, desde la explotación de recursos mineros hasta la obtención de energía que pueda ser aprovechada en la tierra. El físico David Criswell, director del Instituto Espacial de la Universidad de Houston, durante una conferencia en el Congreso Mundial de Energía, celebrado recientemente en Londres, defendió los beneficios que podría aportar el Lunar Solar Power, un sistema que su equipo de investigación considera viable para el año 2050, mediante el cual se podría enviar desde la Luna a través de microondas la cantidad de energía solar suficiente para satisfacer las necesidades de todo el planeta Tierra. Energía limpia y a bajo coste al alcance también de los países menos desarrollados.

No tan altruista, el empresario norteamericano Gregory Nemitz se ha anticipado a posibles litigios sobre propiedad espacial. En febrero de este año se apresuró a enviar una carta al presidente George Bush atestiguando su propiedad sobre el asteroide Eros. Lo hizo después de que la NASA enviase la sonda Near; Nemitz también felicitó a la agencia por el descenso y se adelantó a un posible reclamo de soberanía. El empresario atestiguó haber comprado Eros en marzo del año 2000, al parecer valiéndose de una artimaña legal: en el año 1967, Estados Unidos suscribió un Tratado en el que establecía que “el espacio, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes, no reconoce soberanía de nación alguna ni puede ser apropiado por uso u ocupación”, pero no hablaba de propiedad individual. Ante ello, Nemitz apeló a la Ley de Avistamiento, es decir, él fue el primero en reclamar Eros, y basándose en "el derecho a la propiedad privada como piedra angular del estilo de vida americano" tramitó la escritura del asteroide en una consultora legal. Según Nemitz, su inversión es a futuro, pues cuando se puedan explotar los recursos mineros, lo cual calcula hacia finales del siglo XXI, su parcela espacial estará valorada en unos 15,84 billones de dólares. Ello le convierte, potencialmente, en el hombre más rico de la Tierra.