La llegada de los taikonautas

China conquista el espacio

Publicado en

CNR
Publicado en el 2003
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China ya está en el espacio exterior. El primer taikonauta giró alrededor de la Tierra, degustó comida china en su viaje espacial y retornó orgulloso convertido en héroe nacional. Pero ello es sólo el principio de una carrera espacial que abre no pocas inquietudes en el mundo a pesar de las oficiales palmaditas en la espalda que han dado a China la mayoría de gobernantes mundiales.

El pasado 15 de octubre el piloto del Ejército Popular de Liberación Yang Liwei subió a la nave Shenzhou V, dio 14 vueltas alrededor de la Tierra y 21 horas después regresó: China se había convertido en el tercer país de la historia en enviar a un hombre al espacio. Un hito hasta esos momentos sólo al alcance de Estados Unidos y Rusia (heredera de la Unión Soviética). Las implicaciones son numerosas, con este éxito China sigue pisando fuerte en su evolución, paso a paso, buscando equiparar su poder al de la superpotencia norteamericana.

Si el avance de la economía china y su capacidad de producción es ingente, la llegada al espacio supone un gran salto adelante en el desarrollo y poderío del país. Y el gobierno chino ha dejado claras sus intenciones de continuar con la conquista de las estrellas: viajes a la Luna, una Estación Espacial china permanente, Laboratorios espaciales... todo ello en el marco de una batalla por la preponderancia mundial más o menos evidente.

Y ello se ha dejado translucir en todos los aspectos. Así, las comunicaciones oficiales de la Administracion china insistían en que el astronauta chino podría “degustar comida más sabrosa que la que deben ingerir los astronautas occidentales, como tiras de cerdo con salsa de ajo y pollo kungpao y, después, una reconfortante taza de té verde”. Pero en un ámbito de más calado, por ejemplo, una semana después del éxito del primer tripulado, cuando el jefe del programa chino de exploración de la Luna, Ouyang Ziyuan, se dirigió a la prensa lo hizo con las siguientes palabras: “en los próximos 3 ó 5 años un satélite lunar desarrollado por China, el Changhae I, llevará a cabo una exploración integral y completa de la Luna y la bandera nacional china ondeará en el astro. Vamos a llenar un vacío en la exploración del espacio interplanetario, impulsando el desarrollo científico-tecnológico en una serie de aspectos que revisten gran importancia para la salvaguarda de los derechos, intereses y status de China en el espacio”.

Golpe al orgullo estadounidense

Pero si está por ver lo que ocurre en un futuro y de qué manera se crea o no se crea un “Derecho Espacial” y, tal vez, un nuevo Tribunal Espacial que regulen los comportamientos “extra-terrestres”, de lo que no cabe duda es de que el orgullo estadounidense ha sufrido cuanto menos un golpe de cuidado:   mientras Estados Unidos se recupera de la tragedia del Columbia y espera a recuperar su capacidad para enviar vuelos tripulados, los chinos y los rusos son los únicos en la actualidad que pueden llevar seres humanos al espacio.

Así, las Soyuz rusas son las únicas naves capacitadas hoy en día para transportar a los astronautas hasta la Estación Espacial y realizar los relevos, mientras que los envíos de material, víveres y combustible también se están efectuando con las Progress que proceden de la tecnología espacial soviética.

Al mismo tiempo, aunque China ha realizado numerosas innovaciones en su Shenzhou y los gobernantes insisten en destacar que ha sido fabricada enteramente en el país, no se puede negar que su origen se halla en la cooperación con la Unión Soviética, y posteriormente con Rusia, e incluso la arquitectura de la nave recuerda en gran medida a las Soyuz.

 

Felicitaciones oficiales, suspicacias reales

Pero de momento, de manera oficial, las grandes potencias y multitud de países han hecho llegar al gobierno chino sus felicitaciones por el histórico logro. La NASA calificó el lanzamiento chino como “importante hito en la historia de la exploración humana” y mostró sus deseos de que “China continúe desarrollando un programa espacial seguro”.

Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) también felicitó a China y en su comunicado planteó la posibilidad de ampliar la cooperación entre las dos agencias espaciales. Igualmente, la Agencia Espacial rusa hizo hincapié en que “todos los países del mundo emplean de una u otra forma los resultados de la exploración del cosmos, pero sólo Estados Unidos, China y Rusia desarrollan programas nacionales de vuelos tripulados". Desde todos los puntos del Planeta llovieron hasta China las congratulaciones. Sin embargo, tras la postura oficial se esconden no pocas suspicacias.

Y es que a pesar de que tanto los responsables políticos como científicos chinos han reiterado frases como que “la exploración de los recursos espaciales tendrá fines pacíficos” nadie deja de observar que tras la carrera espacial china –al igual que tras la de otros países- existen intereses más allá de lo científico o tecnológico. Los analistas destacan que, por una parte, el gobierno acrecenta su capacidad para controlar el espacio de telecomunicaciones, algo de lo que es profundamente celoso, pero sobre todo -y cuanto menos- los apartados de seguridad nacional y defensa constituyen en un elemento primordial de la carrera espacial.

Al respecto, es relevadora la retórica de doble filo que se suele atribuir a la política china: por ejemplo, mientras por un lado los dirigentes destacaban que la Shenzhou V transportaba una bandera de la ONU como muestra de su compromiso con los principios de paz en el mundo, por otro lado el ministro de Ciencia, Xu Guanghua, destaba poco después del lanzamiento que “se trata un glorioso logro que será tan significativo como la primera bomba atómica, la primera de hidrógeno y el primer satélite probados por China". También ha planteado dudas sobre la sinceridad de los fines pacifistas el hecho de que la última responsabilidad de las misiones espaciales tripuladas corresponda al Ejército Popular de Liberación.

Pero, si el nuevo statu quo puede empezar a  preocupar a la superpotencia Estados Unidos ante una posible pérdida de preponderancia en el espacio, es ya de hecho alarmante para los países cercanos a China, que temen una rotura del equilibrio actual. Japón y Taiwan han sido los primeros en levantar las voces de alerta. Desde Japón el gobierno ha dicho que “no hay límite para las suspicacias” y el partido Liberal Demócrata (PLD) con mayoría en el gobierno ha anunciado que pedirá replantear las ayudas en desarrollo que recibe China desde el país nipón.  Por su parte, Taiwan, por boca de su ministro de defensa, ha afirmado que tras el interés de China en la carrera espacial se esconden objetivos militares que ponen en peligro la independencia de la isla.

Incluso en la misma China, aunque por otras razones, se han alzado algunas voces críticas hacia el desarrollo de la carrera espacial. Aunque sin duda todos los ciudadanos chinos han acogido el hito con gran orgullo nacional, algunos intelectuales -tras los necesarios elogios al éxito de la misión espacial- no pudieron evitar una dosis de crítica hacia lo que consideran un gasto económico excesivo cuando aún existen en el mismo país regiones subdesarrolladas, una población rural de 800 millones de personas con escasos recursos y más de 30 millones de personas que viven en una pobreza endémica.