La era del hidrógeno

El hidrógeno, que ya se usó en el siglo XIX como combustible, podría solucionar los problemas energéticos y sin contaminar

Publicado en

CNR
Publicado en el 2003
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El combustible del futuro está al alcance de la mano, inagotable, no contaminante… se trata del hidrógeno. Si bien ya se usó como gas doméstico en muchas casas en el siglo XIX y la pila combustible –pieza básica en el uso de este combustible- fue inventada en el año 1839, el hidrógeno permaneció prácticamente olvidado hasta que la NASA decidió utilizarlo como fuente de energía para sus cohetes al espacio. En la actualidad, algunos expertos consideran que estamos en el comienzo de una nueva era que cambiará la estructura de los mercados e incluso de la sociedad, al modo que lo hicieron el carbón y la energía de vapor cuando se produjo la Revolución Industrial.

Uno de los grandes “popes” defensor de los beneficios del uso del hidrógeno es Jeremy Rifkin, presidente de la Fundación sobre Tendencias Económicas de Washington D.C. y autor del libro “La economía del hidrógeno: la creación de la red energética mundial y la redistribución del poder en la Tierra”. En su opinión, “la era de los combustibles fósiles está entrando en sus últimos años y está naciendo una nueva era, la del hidrógeno, que tiene el potencial de remodelar radicalmente la civilización”.

Según algunos expertos, las reservas de petróleo del planeta podrían extinguirse en un plazo de unos cuarenta o cincuenta años. Para algunos geólogos petrolíferos las previsiones más drásticas son que a finales de esta década podría empezar a resentirse la producción petrolífera y el precio del crudo alcanzaría precios exorbitantes. Precisamente, la industria automovilística se está mostrando especialmente activa en la investigación y construcción de vehículos movidos por hidrógeno: Toyota, Honda, BMW, Fiat, DaimlerChrysler, Ford, General Motors y un largo etcétera disponen ya de vehículos alimentados por hidrógeno. Y también empresas petroleras como Texaco, ExxonMobil o British Petroleum (BP) están realizando fuertes inversiones para desarrollar la tecnología de almacenamiento de hidrógeno que permita en un futuro a los automóviles repostar en “hidrogelineras”. En un estudio presentado por el vicepresidente de planificación de políticas de Texaco, Jefferson Seabright, éste afirma que “aquellas compañías que no apuesten por el hidrógeno se arrepentirán”.

De hecho, en el Nasdaq cotizan 13 empresas fabricantes de pilas de combustible –una especie de batería que genera electricidad al combinar hidrógeno y oxigeno- y destacados inversores como Citigroup, General Electric o Credit Suisse incluyen en su cartera de valores a esos fabricantes, muestra del potencial económico que ven en el uso del hidrógeno. Por su parte, el Departamento de Energía de Estados Unidos ha destinado 29.030 millones de euros a un programa de desarrollo de las tecnologías del hidrógeno y la Unión Europea destina 2.120 millones de euros a los proyectos para el desarrollo de sistemas sostenibles de energía, incluyendo el hidrógeno.

Por la naturaleza
Pero seguramente uno de los principales beneficios de dar el paso a una “economía del hidrógeno” sea el beneficio medioambiental que se puede obtener. Si los combustibles fósiles provocan las emisiones nocivas de CO2, los gases invernadero, el recalentamiento del planeta o una ingente contaminación en los vertidos accidentales, el hidrógeno no genera ningún tipo de polución, el único subproducto obtenido de su combustión es agua pura. Además, se considera que es un combustible eterno, pues es el elemento más abundante del universo, el material que forma las estrellas y el sol, y en la Tierra junto con el oxígeno abunda en forma de agua.

Pero la molécula del hidrógeno es tan volátil que no se encuentra primariamente en la atmósfera, pues se escapa al espacio exterior. Por ello es necesario extraerla de otras fuentes naturales. Y en el estado actual de la técnica casi la mitad del hidrógeno que se produce ahora en el mundo se obtiene del gas natural mediante un proceso de conversión con vapor, pues el hidrógeno también integra los combustibles fósiles, y aún se libera CO2 en el proceso de conversión.

No obstante, también se puede conseguir hidrógeno aprovechando fuentes renovables de energía, con lo cual la emisión de gases invernaderos sería nula o casi nula, según un estudio del Worldwatch Institute, con sede en Washington D.C. Así, se puede aprovechar energía eólica, solar, geotérmica o de biomasa para producir electricidad con la cual, mediante un proceso de electrolisis, se separa el hidrógeno y el oxígeno del agua. Entonces, el hidrógeno es almacenado en una pila electroquímica –una celda combustible- de la que se obtiene electricidad cuando y donde es necesaria. Para Seth Dunn, investigador del Worldwatch Institute, “la pregunta crítica ya no es si avanzamos hacia el uso del hidrógeno, sino cómo debemos llegar a él y cuánto tiempo nos llevará”.

Energía para todos
Las previsiones de Jeremy Rifkin son aún más audaces. En su opinión, la economía del hidrógeno permitirá una redistribución del poder en todo el mundo con consecuencias trascendentales para toda la sociedad. En ese futuro, que según él ya está llamando a la puerta, todo individuo podrá ser tanto productor como consumidor de su propia energía. Al crearse unas Redes de Energía de Hidrógeno locales, regionales y nacionales –que estarían interconectadas siguiendo principios similares a los de Internet- deaparecería el actual control centralizado de las empresas petroleras y de servicios. Los mismos automóviles podrían convertirse en unas “centrales eléctricas con ruedas”, que se podrían “enchufar” a la red eléctrica cuando no estuvieran en uso.
Además, según Rifkin, dado que el hidrógeno es tan abundante y se puede obtener en todo el mundo a partir del agua todos los seres humanos podrían disponer de electricidad, se trataría del primer sistema energético democrático de la historia. Con ello, el 65% de la población mundial que actualmente apenas dispone de algún tipo de energía en los países menos desarrollados podría contar con electricidad que le ayudase a salir de la pobreza y mejorar su calidad de vida.

Por ahora, el país que parece apostar de manera más decidida por el hidrógeno es Islandia. Su gobierno ya anunció en el año 1999 un cambio radical hacia ese tipo de energía. Así, el plan gubernamental consiste en incorporar en primer lugar autobuses propulsados por hidrógeno para continuar con camiones, automóviles y barcos y, posteriormente, obtener electricidad del hidrógeno para las viviendas e industrias del país.
Y si las previsiones se cumplen el hidrógeno moverá en un futuro cercano el mundo. Así, el elemento más simple y común del universo parece estar llamado a convertirse en la energía del siglo XXI. Pero para ello será necesario también un fuerte compromiso de los gobiernos de los países más avanzados, junto al esfuerzo de las industrias para avanzar en la investigación de tecnologías que abaraten el coste de las nuevas maquinarias movidas por hidrógeno y el compromiso de todos para impulsar un sistema energético respetuoso con el medio ambiente y los recursos naturales que, al fin y al cabo, permiten la vida.