Kidults: los niños se encuentran

Ya no son adolescentes pero tampoco son adultos

Publicado en

CNR
Publicado en el 2005
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Acaba de leer el último libro de Harry Potter, su película favorita es Shrek, cuando llega a casa juega a la PlayStation, cada viernes va a un concierto…. Pero no se trata de un adolescente que está a la última…
Desde la lengua inglesa ya es popular en todo el mundo una palabra de reciente creación: kidult, formada a partir de la contracción de “kid” (niño) y “adult” (adulto) para denominar a una nueva fase del crecimiento personal. Sociólogos, psicólogos -y especialmente el mercado – han observado que un grupo nutrido de nuestra sociedad se escapa de la categorización tradicional: ya no son adolescentes pero tampoco son adultos. Y tampoco se trata de esos jóvenes que en sus veintitantos años siguen viviendo con sus padres, no tienen un empleo estable y se resisten a mantener compromisos, quienes son conocidos como “kippers” en Inglaterra, “Nesthockers” en Alemania, “Mamones” en Francia, “Freeters” en Japón o “Kenlaozu” en China…

No, los nuevos kidults han sido detectados en la clase media-alta, urbanitas con buenos empleos y cargos de responsabilidad, muchos ya con hijos, en torno a la treintena, algunos incluso más allá de los cuarenta. Por su edad son adultos, pero les gusta vestirse siguiendo una moda adolescente, leen libros escritos para niños, ven películas supuestamente infantiles y conservan su afán por los juegos y actividades que hacían en la adolescencia. Para algunos se trata de los niños perdidos que ya adultos viven su síndrome de Peter Pan.

No crecerán
El sociólogo Frank Furedi, de la Universidad británica de Kent, ha sido uno de los primeros en prestar atención a este cambio social: un día quedó extrañado de que la mayoría de estudiantes de su Universidad pasaran el rato en el bar viendo programas como los Teletubbies, pero su asombro fue a más cuando constató que esa afición no sólo alcanza a los jóvenes de 21 y 22 años sino también a gente de más de 30. Según ha escrito Furedi en su artículo “The children who won’t grow up” (“Los niños que no crecerán”), “Londres se ha convertido en un imán para hombres y mujeres determinados a recuperar sus infancias. Cada fin de semana miles de ‘veintipicoañeros’ vestidos con uniformes escolares, van a la School Disco (un club retro que triunfa en Londres). Gente de todos los tipos de vida -doctores, programadores de computadora, peluqueros, abogados- abraza su retro-nostalgia”.

Esa añoranza se aprecia también en el éxito de las páginas webs que permiten contactar con antiguos compañeros de escuela: en el Reino Unido más de nueve millones de personas están registrados en la website “Friends Reunited” y en España también abundan ya este tipo de sites: por ejemplo, la web “Mipasado” cuenta con 4 millones de afiliados.

Furedi opina que el comportamiento kidult responde en buena parte a la falta de incentivos en la sociedad hacia la edad adulta: “actualmente no hay ninguna afirmación cultural para la etapa adulta. Hoy sólo se es relevante si se es joven, el camino para demostrar la valía personal pasa en gran medida por ir todavía a conciertos de rock, vestir ropas juveniles ultramodernas y hacer las mismas actividades que se hacían cuando se era adolescente”.

Apetitosos para el mercado
También conocidos como “rejuveniles” o “adultescentes”, “boomerang kid” o “Peter Pan-demonium”, estos kidult incorporan otro ingrediente que les hace especialmente apetitosos para el mercado: son de alta capacidad adquisitiva. Así, no es de extrañar que las grandes compañías estén prestando gran atención a este fenómeno social y dedicándose a explotar el filón. De hecho, en buena parte, los kidult son fruto de la cultura de la juventud que la publicidad ha preponderado en las últimas décadas.

Así lo considera el psicólogo Adam Ferrier, un especialista en psicología del consumo que trabaja para la agencia estadounidense de publicidad Saatchi & Saatchi: “vender al mercado juvenil ha sido el sujeto de la retórica del marketing durante los pasados 50 años”, afirma. Y al respecto, Ferrier reflexiona que “sin embargo, actualmente sólo un pequeño porcentaje de la población es joven. Entonces, ¿cuál es el impacto en el resto de nosotros viviendo en una cultura del consumo donde el mensaje que prevalece es permanecer joven y contento?”. En esta situación, explica el psicólogo, “el resultado es lo que se conoce con el término kidults: adultos que visten Stussy y Mooks para trabajar, juegan a la PlayStation, toman drogas y generalmente se divierten como hacían en su juventud”.

Y es que la presencia de los rejuveniles se está dejando notar. Según la National Reading Society británica, en los últimos años se ha duplicado el número de personas de más de 18 años que leen libros aparentemente destinados a niños pero en buena parte concebidos para dultos. Incluso, se ha creado una nueva categoría, “Crossovers” o libros de niños para adultos, para denominar a ese tipo de libros “intergeneracionales”. Asimismo, en la última década la edad media de los aficionados a los videojuegos ha pasado de los 18 a los 29 años, según los datos la Entertainment Software Association para Estados Unidos. Y, según una investigación de la compañía Nielsen Media, en el mismo país los adultos de entre 18 y 49 años que ven los dibujos del Cartón Network superan en número a los que siguen las noticias de CNN.

Diversión o inmadurez
Por su parte, Ferrier aprecia que la cultura kidult aporta beneficios. El psicólogo explica que “el concepto de edad como determinante de un ‘comportamiento adecuado’ está perdiendo vigencia. La edad ya no determina como actuamos, son nuestros intereses y actitudes quienes lo hacen”. Para él, “la obsesión que hemos creado hacia la juventud, en muchos aspectos, nos ha liberado de las fórmulas de ‘etapas de vida’que han prevalecido durante largo tiempo. Ahora somos libres de abrazar los valores de la juventud, como no conformismo, impulsividad, desafíos y hedonismo… ¡todas las cosas buenas! Y en este punto creo que todos nos beneficiamos del mandato social que afirma ‘sé joven, es más divertido`’”.

Y, mientras, una compañía como la italiana Kidult Games, considera que los kidult son “los adultos que cuidan el niño interno”, el sociólogo Frank Furedi no es tan positivo en sus análisis. En su opinión, “la gente esta asustada ante lo que el futuro puede depararles y temen tomar riesgos. Se convencen a sí mismos de que un comportamiento inmaduro es liberador, pero lo que realmente buscan con ello es sentirse protegidos y a salvo”.

Por otra parte, en un blog un treintañero kidult manifestaba otro tipo de inquietud: “No veo nada malo en que gente de treinta y pico años compartan intereses con los niños, mientras sean realistas acerca de algo: esos niños –los míos también- llegarán a ser adolescentes y entonces a ellos no les gustará comportarse como lo hacen sus padres. La cuestión es ¿qué harán los niños? Yo tengo piercings en las dos orejas y aún me gusta divertirme como antes. Nuestra generación tuvo una reacción frente a nuestros padres ex-hippies y los años 80 estuvieron repletos de yuppies. Yo no fui uno de ellos pero ahora me pregunto, ¿con un ex-punkie como padre y una ex-gótica como madre, como serán nuestros hijos? Tengo visiones de ellos llegando a casa un día con collares isabelinos sólo para expresar su individualidad”.