Joyería contemporánea

Enric Majoral cultiva joyas que se asimilan a la personalidad de quien las lleva

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Publicado en el 2000
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Para Enric Majoral hacer joyas es tanto un medio de vida como una manera de vivir. Se alejó del mundanal ruido en 1973, asentándose en la apacible isla de Formentera. Allí se inició como autodidacta en la orfebrería, buscando mantener un estilo de vida propio, acorde a sus inquietudes personales. En viajes por el norte de África, por Oriente, por la India tomó contacto con un cierto sentido ritual e incluso sacramental de las joyas.  Retazos de esas sensaciones fueron incorporados a su concepción artística, también alimentada en la tradición orfebre catalana. Así se fue forjando el estilo de Mayoral, hoy ya inconfundible, en pos de convertir las joyas en expresión cultural y al mismo tiempo en objetos no de lujo o de inversión, sino en elementos que se asimilan al carácter de la persona.

Todo artista busca reconocimiento. Desde Formentera, donde vendía sus joyas en mercados ambulantes, Mayoral quiso contrastar el saber asimilado y la valía de su arte situándolo junto al de reputados orfebres de la gran urbe, Barcelona. Su estilo personal, desarrollado lejos de las corrientes artísticas del momento, no sólo caló rápidamente en la sensibilidad de la ciudadanía sino que también en numerosas exposiciones y ferias nacionales e internacionales de joyería se le ha venido rindiendo el buscado reconocimiento.

Desde entonces, Enric Majoral compagina la creación de piezas únicas, de autor, que serán mostradas en galerías de arte, con una joyería más cercana al individuo: piezas destinadas a sentir el calor de la piel. Para Majoral las joyas deben ser ligeras, elegantes, insinuando una somera presencia, pues la auténtica presencia pertenece a quien las lleva; un collar, una pulsera, unos pendientes… se convierten en reflejo y expansión de la personalidad. A la vez, la elección de estas piezas se muestra como un compromiso con unas formas identificadas con la época en que se vive.

Tiene Enric Majoral a la intuición como método de trabajo, a la experimentación como revulsivo estimulante. De la observación del entorno natural -desarrollada y mantenida en sus constantes retornos a Formentera donde vive seis meses al año- asimila las complejas formas para crear líneas puras y simples; son de su preferencia el metal, la piedra y la madera y aún más los metales, piedras y maderas envejecidos por el sol, el mar y el viento; admira las texturas surgidas de la propia materia, ya sean óxidos o reflejos de luz; le agradan los colores auténticos, sin filtros postizos ni matices azucarados. La síntesis de todo ello revierte en una orfebrería plenamente contemporánea, con indiscutible nombre de autor, en la que la joya se convierte en un elemento primordial de la imagen personal y en un símbolo más de la cultura actual.