Huéspedes de la calma

El plácido Relais d’Orsà permite hospedarse en Barcelona en la tranquilidad de la Naturaleza

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Publicado en el 2000
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A los pies del Relais d’Orsà se tienden diminutos los miles de edificios que habitan Barcelona, perdidos bajo el argento silente del cielo que cae a las aguas del mar en las que se acuna a la ciudad. A los ventanales que vierten esta privilegiada vista es al primer lugar que acuden los huéspedes cuando traspasan la gran puerta del selecto hotel y vislumbran al fondo la claridad emergente. En ese salón, el mirador semicircular a modo de glorieta interior es el rincón preferido por los hospedados para almorzar, mientras contemplan las intrincadas calles que se aprestan a recorrer.

El Relais d’Orsà fue concebido durante años de viajes por todo el mundo. Durante esos días, Rosa Maria Escofet y su marido Francisco Gómez Coll gustaron a menudo de alojarse en pequeños y apacibles hoteles nacidos de la restauración de antiguas casas señoriales, los relais habituales en Francia, Inglaterra o Australia. Rosa Maria Escofet quiso trasladar la filosofía de esos establecimientos a su ciudad, Barcelona, y hace dos años halló el edificio soñado: una mansión neoclásica, de estilo afrancesado, cuyos diseños interiores originales vulneraron antiguos propietarios. Restaurada, ha recuperado el aire original enriquecido por el espíritu con que la ha impregnado Rosa Maria Escofet.  Amante del estilo gustaviano –estética nórdica, de colores luminosos y patinados y muebles ricos en formas pero simples de acabados, sin los excesos dorados del carácter francés- los blancos crudos conforman un ambiente refulgente. Pero mujer también ecléctica ha conseguido la frescura de lo actual conservando la belleza de lo clásico. Y, sobre todo, lo que se expande quedamente en este Relais es la esencia de Rosa Maria: cada mueble, cada tapiz, cada pieza de artesanía participan del cariño con que fueron recogidos durante años para ahora poblar acogedoramente ese espacio.  

El Relais d’Orsà dispone de cuatro habitaciones. Los huéspedes pueden gozar de toda la tranquilidad del mundo, del aire enriquecido de Collserola, del placer de dormir en sábanas de hilo y desayunar con cubiertos de plata. Pueden también disfrutar de la hospitalidad de Rosa Maria, anfitriona de este hotel en el que su propia familia tiene el hogar. Ella, prudente, les atenderá con delicadeza. Si en su decoro no les habla de las joyas del Relais que habitan, no duden en preguntarle. Pregúntenle, por ejemplo, por su rica colección de cajas antiguas, y seguro que gustosamente les contará la historia que envuelve a cada una de las bellas cajas que abundan en las estancias del Relais d’Orsà.