Con la casa a cuestas

Empresas especializadas trasladan casas y todo tipo de inmuebles y estructuras

Publicado en

CNR
Publicado en el 2004
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Por nuestras lares, en España o en el cercano entorno europeo, puede sonar cuanto menos extraña la idea de coger un gran edificio, desprenderlo de sus cimientos, colocarlo sobre una gran plataforma con ruedas, desplazarlo hasta otro lugar y depositarlo en una nueva cimentación. Sin embargo, en otros países, como en China, Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos este tipo de operaciones parecen estar al orden del día. Y no se limitan sólo a los casos de edificios antiguos que se quieren preservar en un nuevo emplazamiento, sino que también sucede que algún vecino que se muda de barrio o ciudad lo haga con toda la casa –es decir el edificio inmueble- prácticamente a cuestas.

Además de viviendas, empresas especializadas trasladan todo tipo de inmuebles y estructuras, como faros, hoteles, cines, terminales de aeropuerto, bibliotecas, puentes o viaductos. Las causas que originan este tipo de operaciones son variadas. En muchas ocasiones se procede a ello cuando el edificio o la estructura está afectado por un nuevo plan urbanístico que fuerza a su demolición y ante ello los propietarios optan por conservarlos trasladándolos a una nueva ubicación. En otros casos se busca una reorganización de los espacios para procurar mayor utilidad al edificio en cuestión. A veces, las nuevas construcciones han “encajonado” a un edificio emblemático y se le ha buscado un lugar más apropiado. Por lo demás puede bastar el simple deseo –y el dinero necesario- del propietario para realizar este tipo de traslados. Aunque es difícil determinar un coste genérico, pues varía enormemente según las características estructurales y otros factores, a modo de referencia para un traslado “sencillito” se pueden tener en cuenta los 45.000 dólares que pagó este año 2004 el ciudadano canadiense Pat McCann, de la ciudad de Alberta, para mover 16 kilómetros una casa de 3 pisos de altura y unas 100 toneladas de peso, construida en 1910. McCann compró la vivienda al saber que la iban a derruir para construir un nuevo edificio, entonces la trasladó y la convirtió en su domicilio particular.

Piedra a piedra
Sin embargo, en nuestro país, según las fuentes consultadas, no existen experiencias conocidas en este ámbito. Si acaso, lo más aproximado podrían ser actuaciones consistentes en desmontar un edificio piedra a piedra y reconstruirlo en otro lugar, como se hizo con el Templo de Debod que llegó ladrillo a ladrillo a Madrid desde Egipto, para salvarlo de su desaparición a causa de la construcción de la presa de Asuán, y fue erigido de nuevo cerca de la madrileña Plaza de España tras dos años de trabajo. Pero levantar un edificio entero y moverlo tal cual es desaconsejado por diferentes expertos consultados. Entre ellos, Víctor Aguado, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, considera que “debido a que los edificios son muy pesados, cualquier movimiento requeriría una tecnología muy costosa y por ello se debería valorar si el inmueble posee un valor histórico que mereciera hacer ese esfuerzo económico”.

Por otra parte, según Aguado, “los edificios antiguos, pétreos, tienen además un tipo de estructura que soportarían con dificultad los posibles movimientos del desplazamiento; en cambio los edificios de estructuras reticulares, metálicas o de madera, admiten los movimientos horizontales y bastaría con una plataforma montada sobre unos raíles o ruedas para proceder al desplazamiento”. Seguramente, en estas declaraciones se encuentra la explicación del porqué en Estados Unidos o Nueva Zelanda existe una tradición e incluso una boyante industria de la reubicación de edificios: en esos países la mayor parte de la construcción tiene tradicionalmente su base en la madera, y tras especializarse con esas estructuras también han desarrollado la tecnología necesaria para mover todo tipo de edificios.

Existen diferentes sistemas para llevar a cabo el desplazamiento de un edificio. En realidad, se puede decir que cada caso va a precisar un sistema específico y un plan “personalizado” que tenga en cuenta las características estructurales específicas, el trayecto a recorrer y la operación global a realizar. No todos los edificios son aptos para ser desplazados pero, a tenor de las experiencias habidas, en la actualidad es posible vencer las dificultades que se presenten para mover desde casas de cientos de toneladas hasta inmuebles de varios pisos de altura. Los edificios “más ligeros” (de un peso de unas 100 toneladas) pueden ser izados sobre camiones supertrailers y desplazados tan lejos como se desee, algunos han sido subidos a barcazas y movidos por ríos. Otros edificios más pesados y de mayor envergadura son colocados sobre plataformas con cientos de ruedas y movidos a paso de tortuga; en los casos más complicados se requieren complejos sistemas hidráulicos para levantar los edificios, el refuerzo de las estructuras, control por ordenador del más mínimo movimiento y desplazamiento a velocidades de milímetros por hora.

Premios a los mejores
Muestra de la importancia de que adquiere el desplazamiento de edificios en otros países es la International Association of Structural Movers (IASM), con sede en Estados Unidos, en la que se integran más de 300 empresas de Australia, Canadá, Honduras, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Ese tipo de operaciones da pie a una próspera industria que mueve millones de dólares anualmente. La IASM edita además una revista especializada en la que se da cuenta de los últimos avances en su campo, de los más curiosos desplazamientos de edificios y convoca un concurso cada año en el que se premian diferentes categorías en la reubicación de estructuras, entre ellas hay un reconocimiento a la más alta, a la más larga, el edificio más pesado movido sobre ruedas, la reubicación más innovadora o la más inusual. La Asociación afirma que el desplazamiento de estructuras es “una de las industrias de reciclaje más antiguas del mundo, en cuanto a que evita los desechos que provocan las demoliciones y permiten preservar estructuras antiguas o actuales.

Y es que aunque expertos en arquitectura consideran que la reubicación de un edificio supone un coste mayor que el de demolerlo y volver a construirlo, una asociación como la estadounidense GreenerBuildings, que se presenta como el Centro de Recursos para el desarrollo de una construcción responsable con el medio ambiente, afirma que la reubicación de edificios puede suponer un ahorro de dinero además de una acción respetuosa con el entorno. Según los datos de esta asociación, relativos a Estados Unidos, en ese país cada año se producen cientos de millones de toneladas de escombros en los derribos de edificios, unos desechos que no serían creados si se optara por la reubicación.

En cualquier caso, en nuestro país las opiniones de los expertos respecto a la reubicación de inmuebles son críticas. Así, Luis Jurado, arquitecto del Centro de Asesoramiento Técnico del Colegio de Arquitectos de Madrid, no duda en afirmar que “considerar un edificio como algo rodante que se puede trasladar es ir contra la naturaleza de ser del edificio”.