Coches voladores

Volando voy, volando vengo... ¿pronto en coche particular?

Publicado en

CNR
Publicado en el 2005
Facebook Twitter Google plus Linkedin Email Share/Save

Información relacionada

No más atascos de tráfico, no más semáforos, no más peajes... poder viajar de, pongamos, Madrid a Barcelona en menos de dos horas a una velocidad de crucero de unos 500 kilómetros por hora. Es lo que prometen los nuevos coches voladores desarrollados por compañías privadas que prevén empezar a ponerlos a la venta a finales del año próximo. Sin embargo, los primeros modelos se cotizan a un precio de no menos de 1 millón de dólares, aunque las compañías calculan que cuando se inicie su producción en serie podría bajar hasta unos 50.000 dólares, precio que aún los haría inalcanzables para la mayoría de bolsillos.

En realidad y en un sentido estricto, “coches voladores” deberíamos llamar a prototipos como el Sokol A400 o el Volante Flying Car, auténticos coches tal como los conocemos a los que se les han adosado alas y preparado para que puedan tanto viajar por carreteras como despegar y volar tal como una avioneta. Pero lo que promete ser una auténtica revolución es el concepto que están ultimando compañías como Moller International, Urban o Macro Industries: también se les conoce como “coches voladores” (o, en inglés, Aircars o Flying cars) pero es en cuanto a su condición de “utilitarios que vuelan” pues de hecho no están concebidos para viajar a ras de tierra sino para subir hasta 2.500 metros de altura o más y surcar los aires a gran velocidad.

Estos revolucionarios coches voladores parten de la base de que el despegue y aterrizaje debe ser vertical, es decir con tecnología VTOL (vertical takeoff and landing), con lo cual ya no deben depender de aeropuertos ni de extensos espacios. Además, no precisan de las grandes hélices de los helicópteros y ello les permitirá elevarse o descender prácticamente en cualquier lugar despejado por reducido que sea. Así, el ingeniero de Moller International, Jack Allison, asegura que el M400 Skycar “será capaz de aterrizar en el jardín de la abuela en plena noche, en medio de la niebla y sin chocar con las cuerdas de tender la ropa”.

No obstante, los altos niveles de sonido que producirán los motores y las medidas de seguridad imposibilitarán que aterricen en lugares como una transitada calle de ciudad. Frente a ello, por ejemplo la compañía Moller -convencida de un futuro prometedor de sus vehículos- prevé que se creen lo que denomina “vertiports” unos espacios adecuados para el despegue y aterrizaje de los coches voladores y que según ellos proliferaran en todas las grandes ciudades. El tamaño de estos vehículos VTOL, que en algunos modelos es igual al de un coche familiar, es otro punto a favor para que en un futuro lleguen a ser “automóviles aéreos” de uso personal que puedan caber en un garaje o plaza de parking estándar.

Una autopista en el cielo
Y aunque aún pueden pasar varios años antes de que se popularice realmente el uso de estos vehículos ya empiezan a ser planteados algunos problemas que podría producir su uso masivo, del tipo ¿cómo se regularía ese tráfico aéreo? ¿qué entrenamiento precisaría el conductor-piloto? ¿qué medidas de seguridad incorporarán en caso de accidente?... y al respecto también se avanzan ya soluciones. Así, la NASA ha invertido 130 millones de dólares en un programa llamado “La autopista en el cielo”, un sistema de control de vuelo por ordenador, satélites y GPS destinado a permitir millones de vuelos particulares de forma segura, trazando la ruta a seguir y evitando colisiones entre vehículos. Según los expertos de la NASA, los conductores-pilotos pueden ver en una pantalla en su vehículo una imagen virtual de lo que hay en el exterior y, como si de un videojuego se tratase, deben mantenerse en la ruta asignada evitando a otros vehículos; las computadoras de a bordo guiarán el vehículo hacia su destino y la localización por GPS también evitaría eventuales choques. Este sistema permitiría volar incluso en la oscuridad o con malas condiciones atmosféricas, pues las imágenes virtuales de la pantalla permitirían saber qué hay en el exterior.

Sin carné
Por otra parte, compañías como Urban o Moller aseguran que no se precisará ningún tipo de entrenamiento específico ni carné de piloto para conducir sus coches-voladores. Esto es así porque las aeronaves estarán equipadas con sistemas de vuelo controlados por ordenador y una tecnología conocida como fly-by-wire, ya usada en helicópteros y aviones de pasajeros y militares, por la cual las computadoras de a bordo se encargarán de realizar todas las operaciones de vuelo. No sería necesario ni siquiera introducir las coordenadas del destino: bastaría con comunicar al ordenador una dirección o un número de teléfono para que el vehículo se pusiera en marcha por la ruta precisa. Y en cuanto a medidas de seguridad, todos estos vehículos norteamericanos se aprestan a cumplir las normas de la Federal Aviation Administration (FAA) de los Estados Unidos, que entre otras medidas requiere, por ejemplo, la redundancia de todos los sistemas esenciales, para que en caso de que falle un componente siempre haya otro de repuesto, o que sean capaces de aterrizar de forma segura incluso en caso de averías.

Las compañías aseguran que sus revolucionarios coches-voladores estarán disponibles a finales del próximo 2006, después de años de desarrollo y de inversiones millonarias (por ejemplo, el Dr. Paul S.Moller, fundador de Moller International está enfrascado en esta tarea desde 1964 y ha invertido millones de dólares). Pero seguramente las primeras unidades, cuyo precio puede oscilar entre 1 millón y 2 millones de dólares según el modelo, sólo serán adquiridas por millonarios caprichosos, por grandes empresas, por gobiernos poderosos, por fuerzas militares y policiales o por servicios de emergencia, donde previsiblemente podrían hacer un gran papel en rescates en lugares no accesibles para helicópteros. Aún podrían pasar 10 o 15 años antes de que su precio sea asequible para una mayoría de ciudadanos y ante ello se alzan voces escépticas sobre la viabilidad y seguridad de un uso masivo de coches-voladores. Pero sin duda se trata de cuestionamientos equiparables a los que surgieron cuando los automóviles que hoy conocemos estaban listos para inundar un mundo aún entonces sin carreteras.