Cenas calientes para despedir a los solteros

Dionisio y Baco, con la cabeza muy alta

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Publicado en el 2000
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Si el dios griego Dionisio o su equivalente romano Baco levantaran la cabeza, suponiendo que en alguna momento la hayan bajado, seguramente estarían orgullosos de la buena salud de que gozan actualmente las llamadas cenas eróticas, a las que cada vez más se apuntan grupos de jóvenes y no tan jóvenes para celebrar sus despedidas de soltero y de soltera. Un servicio que cada vez ofrecen más restaurantes a numerosos grupos de clientes entregados a la diversión de antemano, para quienes la cena en sí se convierte en cuestión secundaria.

Ya en los remotos tiempos de los clásicos durante las bacanales se repartían pasteles con la forma de los atributos masculinos. Hoy los panes y los postres en forma de pechos femeninos o penes masculinos – a los que más acertadamente se podría llamar “penecillos”- siguen representando habitualmente el toque erótico en unas cenas en que cada restaurante sirve sus especialidades, frecuentemente aderezadas con ingredientes afrodisíacos y a menudo complementadas con un espectáculo calentito.

Los comensales acuden a los restaurantes pertrechados del ánimo y los instrumentos adecuados para entregarse al jolgorio; la libido -al menos aparentemente- parece diluirse mansamente entre la diversión. Los más fogosos y fogosas deben contentarse con hincar el diente a los panes y pasteles con formas de fruto prohibido. Visitamos el restaurante erotic Monumental, en la calle Gran de Gracia de Barcelona, donde coinciden diferentes despedidas de soltero y de soltera. Entre ellos no falta la recurrida y resultona muñeca hinchable. También ellas han acudido acompañadas de su muñeco hinchable y además -más originales y creativas- han preparado toda una serie de llamativos complementos: el cabello de la novia está cubierto por un delicado tocado en el cual se izan enhiestos los “atributos masculinos”; del capullo de las flores del ramo emerge más de los mismo; de mano en mano va vibrando un ídem que las más desinhibidas asen con desenfado. Uno de los momentos álgidos de la noche –jaleado con desenfreno- se produce cuando muñeco y muñeca son llevados respectivamente por manos femeninas y masculinas en volandas a un rápido encuentro directo, sin preámbulos ni gatillazo. La fiesta se va formando sola sin necesidad de esperar el comienzo del show. Se sirven los postres. Nuevamente los chicos pueden bromear al morder los pasteles-pechos y las chicas los pasteles-falo, ahora más dulces, de briox y crema. Entre tanta gente no podemos asegurar si alguno se intercambia el plato para saborear el más acorde a su gusto.

Empieza el espectáculo. La presentadora, sin recatos en confesar su masculina y travestida verdad a gritos, pregunta si los asistentes prefieren un show culto, calmado o guerra. Todos quieren guerra. Salen las girls y reclaman a los novios que reaccionan desigualmente con timidez o atrevimiento, pero hasta el más osado se resiste a dejarse bajar los calzones. Desnudo completo de la chica y gritos femeninos de bienvenida al boy. La primera novia sale a bailar con él sin hacerse de rogar, otras muestran más recato pero no se resisten a mover el esqueleto con un marinerito, que aunque sin ropa, se comporta como todo un caballero. Desnudo integral también del boy. Todos lo pasan bien en esa noche de desmadre y despedida a la soltería. Una noche es una noche y si es picante, mejor, y si además la cena fue buena, mejor que mejor.