Animales sanadores

Terapeutas animales para animales humanos

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Publicado en el 2001
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Animales de compañía o habituados al trato con el hombre se están comportando en todo el mundo como grandes terapeutas. Perros, gatos o pájaros han demostrado una gran capacidad sanadora e integradora no sólo como mascotas sino también en terapias para personas con problemas psíquicos o sociales. La monta de caballos también está siendo un remedio eficaz para tratar graves dolencias físicas. Tras más de 100.000 años de convivencia con la humanidad, a menudo denostados y maltratados, esos animales siguen dando lo mejor de ellos.

Ya en el año 460 a.c. el médico griego Hipócrates hablaba del saludable ritmo del caballo y aconsejaba la equitación para mejorar el estado anímico de enfermos incurables. Durante el siglo XVII montar a caballo fue un remedio recetado por los galenos para tratar a las personas aquejadas de gota. En el año 1875, el neurólogo francés Chassaignac constató que el trote de estos equinos ayudaba a mejorar el equilibrio, movimiento articular y control muscular de sus pacientes, resultando especialmente beneficioso para personas parapléjicas o con trastornos neurológicos. Pero fue después de que la danesa Liz Hartl ganase la medalla de plata de doma en las Olimpiadas de 1952 y 1956, a pesar de las sécuelas físicas causadas por una poliomelitis infantil, cuando en el norte de Europa se iniciaron los tratamientos fisio-terapéuticos hoy conocidos como Hipoterapia. Y si bien esa práctica rehabilitadora busca principalmente una mejora de lesiones físicas, también los caballos se están demostrando como compañeros que ayudan a mejorar el comportamiento, comunicación, afectividad o bienestar en general de personas de todas las edades.

En ese sentido, la terapia asistida con caballos ha incidido en la integración de personas con minusvalías físicas o psíquicas o con problemáticas sociales, especialmente jóvenes marginados. En Estados Unidos, hay precedentes que se remontan hasta el año 1947, con la granja-escuela Green Chimneys, que dirige Samuel Ross, quien afirma que "muchos jóvenes no están contentos consigo mismo ni con los demás, a veces son agresivos y se sienten tristes, pero en nuestra granja han comprobado que es difícil estar enfadado o decaído cuando se monta a caballo".

También en España se han realizado programas específicos de tratamiento para niños autistas, que han cosechado satisfactorios resultados, y en diferentes centros los caballos cumplen una labor de refuerzo de la afectividad y la integración social. Así, en la asociación Sac Xiroi de Castellví de la Marca (Barcelona) se aprovecha la capacidad sanadora de los animales, especialmente caballos, para ayudar a adolescentes con problemas de adaptación social a superar sus conflictos y recuperar la capacidad de establecer relaciones normalizadas con otras personas y su entorno. Según los promotores de este centro, Trinidad Barceló y Miguel Gallardo, el caballo permite establecer un lazo afectivo entre los mismos residentes y con todo el personal educador. Allí, explican, los jóvenes se ocupan de los caballos dándoles de comer y beber. Entre ellos "se establece una relación sin disimulos, engaños o ambigüedades, ya que los animales no buscan la falsedad y demuestran su afecto sin condiciones, aceptan a las personas como son y siempre están receptivos a las caricias". Por su parte, los jóvenes toman consciencia de sus responsabilidades hacia sus compañeros animales y es habitual que progresivamente retornen a estudios abandonados, a la vida social, al contacto con familiares olvidados o al mercado de trabajo.

Igualmente, la asociación andaluza de equitación terapéutica el Caballo Ayuda trabaja con los caballos y otros animales domésticos o de granja -como perros, gatos y gallinas- en terapias asistidas con animales. Así, por ejemplo, ha formado en los últimos cuatro años a más de 250 discapacitados adolescentes y adultos en los oficios de mozo de cuadra, guarnicionaría, ayudantes de enganches y yeguadas. Ese programa, además de los beneficios que ha proporcionado durante su desarrollo, persigue integrar en el mundo laboral a personas con difícil acceso a causa a sus minusvalías. Según los responsables de este centro, "el contacto con el caballo influye positivamente en el funcionamiento del cuerpo y del organismo y aporta a los discapacitados físicos o psíquicos nuevas experiencias, les permite vivir sensaciones que antes les estaban vedadas."