Adictos al cibersexo

Una frontera poco delimitada entre uso o abuso adictivo de cibersexo

Publicado en

CNR
Publicado en el 2006
Facebook Twitter Google plus Linkedin Email Share/Save

Información relacionada

“Me llamo José Ramos y soy adicto al cibersexo”. La misma fórmula y el mismo sistema que acuñaron los estadounidenses para tratar el alcoholismo o la drogadicción se está aplicando para ayudar a “desengancharse” del abuso del cibersexo vía internet. Y como corresponde a esta nueva adicción del mundo virtual, las asociaciones de ciberoadictos anónimos funcionan online: páginas web norteamericanas ofrecen ayuda para mantenerse “sobrio” de cibersexo. Pero la frontera entre el uso y el abuso aún aparece poco delimitada, millones de usuarios practican el cibersexo como una forma sana de experimentar con su sexualidad. Sin embargo, algunos especialistas afirman que la práctica del cibersexo tiene ingredientes especialmente adictivos.

Según un estudio de Morgan Stanley, al final del año 2005 el número de usuarios de Internet ya había superado los 1.000 millones de personas, llegando además a estar más repartidos por todo el mundo: si en 1995 el 65% del total de conexiones a Internet se realizaba desde Estados Unidos, en el 2005 ese país sólo representaba un 23% del total. Además, sólo en el 2005 el número de usuarios de Internet en el mundo creció entre un 10 y un 15%, mientras que el uso de Internet lo hacía entre un 20 y un 30%. Internet es, sin duda, uno de los últimos grandes avances tecnológicos que están cambiando la sociedad por completo, pero a la par que se multiplica el uso de la red, también lo hace el número de personas que contrae algún tipo de adicción a Internet.

Se calcula que cerca de un 6% de los usuarios desarrolla adicciones online. Entre ellas, se encuentra desde la mera obsesión por navegar a toda hora hasta la extremada pasión por bajarse canciones, películas o programas mediante “peer to peer”, sin contar con el uso abusivo del chat. Pero, según los expertos, la adicción al cibersexo figura entre las que más crecen y, aunque es difícil de calcular, se estima que unos 14 millones de personas en todo el mundo se han convertido en ciberadictos sexuales. La forma más común de adicción al cibersexo es la contemplación de fotos o videos pornográficos que termina en una masturbación, pero también están “enganchando” cada vez más otras modalidades como los juegos de rol erótico-pornográfico, el chat y el videochat. Asimismo, más de dos tercios de los adictos limitan sus actividades al ciberespacio, mientras que el tercio restante intenta realizar contactos en la “vida real” mediante el teléfono, cartas o citas.

Uso o abuso
No obstante, no existe un acuerdo unánime para establecer donde acaba la afición y donde empieza la adicción. Para algunos especialistas, un adicto al cibersexo sería alguien que se pase más de 20 horas a la semana en actividades de sexo online y que presente las características habituales en un adicto: practicarlo de una manera compulsiva sufriendo pérdida de control e irritación cuando no puede satisfacer su adicción; nerviosismo, incluso malestar, antes de iniciar una sesión para después sentir satisfacción entremezclada con culpa y pérdida de la autoestima; tener la necesidad de repetir a pesar de que sucedan repercusiones negativas en el ámbito familiar, social o laboral, y, evidentemente, dedicar una gran cantidad de tiempo a sus ciberactividades sexuales.

Ahora bien, las páginas de sexo de Internet por sí mismas no crean adictos sexuales. Incluso, a la par que se ofrece ingente material de carácter sexual que usado abusivamente podría conducir a un comportamiento adictivo, también la red tiene un papel cada vez más importante de educadora, proporcionando información y recursos para una conducta sexual sana, además de múltiples opciones para quienes quieren experimentar en otros ámbitos con su sexualidad.

Así, según explica el director general de Marqueze.net, la mayor web de servicios para adultos en español con dos millones de usuarios registrados y un tráfico diario de alrededor de 2 millones de IP diferentes entre todos los webmasters asociados, “el comportamiento más habitual de nuestros usuarios es utilizar nuestras webs durante una temporada y, al tiempo, conforme se aburren de las posibilidades del sexo virtual, abandonan una temporada nuestra web para retomar sus visitas más adelante. No hay un tanto por ciento elevado de usuarios persistentes, de larga duración, con lo cual hay poco espacio para la ciberadicción”. Los usuarios de Marqueze.net utilizan en mayor número las páginas de contactos para iniciar chats entre ellos, el segundo servicio más utilizado es la descarga de videos pornográficos y a continuación la descarga de fotos de todas las temáticas ofrecidas y los relatos eróticos.

Es más, según el Consejo Nacional sobre Adicción Sexual y Compulsión de Estados Unidos (NCSAC) la mayoría de ciberadictos al sexo empiezan su adicción en la vida real y después la continúan en el mundo virtual por internet. Los estudios del NCSAC muestran que los adictos al cibersexo presentan algún trastorno de la personalidad y tienen alguna otra adicción como alcoholismo, trastornos alimentarios o ludopatía. Además, entre el 70 y el 75% han pensado alguna vez en el suicidio, el 60% tiene dificultades financieras, el 40% presenta problemas en sus relaciones de pareja y la mayoría ha sufrido algún abuso emocional, sexual o psíquico durante su infancia. Pero, para este organismo estadounidense, el cibersexo es “especialmente adictivo porque combina soledad, anonimato, fantasías e imágenes sexuales”.

Circunstancias adictivas
Por su parte, la doctora Kimberly S. Young, en un estudio denominado “Entendiendo qué hace al Cibersexo adictivo” considera que Internet “crea un clima cultural de permisividad que promueve un comportamiento sexual compulsivo online”. La doctora Young co-estableció el conocido como modelo ACE, según el cual las circunstancias de Anonimato, Conveniencia y Escape que se dan en las actividades cibersexuales conducirían a un uso compulsivo capaz de crear adicción por sí mismo. Así, afirma la doctora, el Anonimato produce al practicante de cibersexo una sensación de control que no se da en la vida real y, por ejemplo, “a diferencia de las experiencias sexuales reales, una mujer puede rápidamente cambiar de pareja si su ciber-amante no es muy bueno o un hombre puede desconectarse después de su orgasmo sin largas despedidas. Si un hombre secretamente se pregunta como seria tener sexo con otro hombre o si una mujer siempre ha buscado tratar el sadomasoquismo, dentro del contexto anónimo del ciberespacio, los mensajes convencionales acerca del sexo son eliminados permitiendo a los usuarios interpretar fantasías ocultas o reprimidas en un laboratorio privado, sin el miedo de ser atrapados”.

Además, según la doctora Young, la Conveniencia o Comodidad del cibersexo facilitada por el Anonimato hace que se pueda caer fácilmente en patrones compulsivos de uso, especialmente por parte de “individuos que sufren de baja autoestima, una severa distorsión de la imagen corporal, una disfunción sexual no tratada o una adicción sexual previa”. Finalmente, asevera la doctora, “los estudios han demostrado que la estimulación sexual puede ser la causa para introducirse en el cibersexo pero más adelante es el Escape mental hacia un estado alterado de la realidad, en el cual una persona puede adoptar una diferente identidad online, lo que actúa como el “subidón” de una droga” y  provoca la adicción. Por ejemplo, explica, “una mujer solitaria repentinamente se siente deseada por diferentes ciberamantes o un hombre sexualmente inseguro se transforma en un caliente ciberamante que desean todas las mujeres en el chat”.

Y así, en ese mundo donde se entremezcla lo real y lo virtual, una practicante de cibersexo, Tara Rebele, quien se declara una experimentada ciberamante aunque virgen en la vida real, plantea estas cuestiones en un testimonio online “¿cómo saber si se trata realmente de un hombre o de una mujer? No es posible, pero esta incertidumbre ¿no forma parte de la excitación que hay detrás del cibersexo? Si tú crees que te estás comunicando con un hombre y ese hombre te lo está haciendo, no creo que importe si ese hombre es en realidad una mujer, o viceversa. Uno está en un encuentro sexual/sensual con una persona, pero no con la identidad real. Lo que alguien tenga o no tenga entre las piernas no importa entre módems”.

Más información:
http://www.sexhelp.com/index.cfm
http://www.netaddiction.com/cybersexual_addiction.htm
http://www.sexualrecovery.com/services/
http://www.marqueze.net/