Últimos descubrimientos en el Universo

Texto complementario a

Sagitario A: agujero negro en el centro de la Vía Láctea
Un equipo del Instituto Max Planck de Física extraterrestre ha confirmado –tras diez años de investigación- la existencia de un agujero negro en el corazón de nuestra galaxia, que calculan tiene 3,7 millones de veces la masa del Sol con lo que se trata del mayor agujero negro descubierto hasta ahora. También el telescopio espacial de rayos X Chandra ha podido obtener imágenes que corroboran la existencia del supermasivo agujero negro. El objeto es conocido como Sagitario A. Los científicos estudiaron los movimientos de las aproximadamente 200 estrellas cercanas a ese objeto y hallaron que viajan más rápidas cuanto más cerca están de Sagitario A. Dado que ni siquiera la luz puede escapar a la succión de un agujero negro es imposible tener una visión de él, por lo que los científicos deben recurrir a la observación de lo que sucede alrededor para determinar su existencia. Y las imágenes obtenidas desde el Chandra han permitido concoer que el agujero negro está produciendo explosiones casi a diario, y aunque se desconoce la causa de ello se especula que se trata de un agujero negro “hambriento”.

Agujero negro de paseo
Por otra parte, también se sabe desde hace algunos años que un agujero negro conocido como GRO J1655-40 se desplaza cruzando el plano de la Vía Láctea a una velocidad de 400.000 kilómetros por hora. Puede ser observado en la constelación de Escorpión y según los científicos muestra el vínculo entre un agujero negro y una supernova, es decir, la explosión de una estrella muy masiva capaz de crear una agüjero negro en lugar de una estrella de neutrones. Aunque, por definición, un agujero negro no deja escapar ni siquiera a la luz, el GRO J1655-40 es en realidad un sistema estelar de dos objetos, el agujero y una estrella, por lo que es posible rastrearlo a través del cielo. La compañera aparentemente sobrevivió a la explosión, pero la gravedad del agujero devora paulatinamente a su acompañante. Aunque el agujero negro se dirige aproximadamente en nuestra dirección, está a una distancia "segura", entre 6 y 9 mil años luz.

Un asteroide cuasi satélite de la Tierra
El primer asteroide descubierto que gira alrededor del Sol en una órbita casi idéntica a la de nuestro planeta realizó su máxima aproximación a nosotros el pasado día 8 de enero, al aproximarse hasta 5.9 millones de kilómetros. No regresará a una distancia tan cercana hasta dentro de varias décadas. El asteroide, llamado 2002 AA29 y descubierto en el año que le da nombre, mide unos 100 metros y quedó atrapado bajo la influencia de los campos gravitatorios del Sol y la Tierra. La órbita con forma de herradura del 2002 AA”9 le hace acercarse y alejarse de la Tierra alternativamente y periódicamente el objeto puede transformase en un cuasi satélite de la Tierra, lo que pasará según los cálculos realizados en el 2600 y el 3880. Según los expertos, su característica órbita impide el choque del asteroide con la Tierra: cuando nuestro planeta alcanza al asteroide éste es frenado por la gravedad terrestre, con lo que se acerca levemente al Sol y aumenta su velocidad alejándose de la Tierra. Y cuando es el objeto quien alcanza a la Tierra por detrás el asteroide nuevamente afectado por la Tierra cambia su órbita a una algo más alejada de l Sol, con lo cual disminuye su velocidad y también se aleja de la Tierra.

El Planeta Más Lejano
Astrónomos del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics han detectado un planeta extrasolar situado a 5.000 años luz, en la constelación de Sagitario, con lo que se convierte en el planeta más lejano a la Tierra descubierto hasta el momento. Pero tal vez lo más importante es que el método utilizado para el descubrimiento permitirá hallar otros planetas alejados, algo muy complicado debido a que al no producir luz propia son difíciles de avistar. La técnica empleada, denominada de tránsito, consiste en observar una estrella a la espera de que un planeta pase por delante de ella: la gran precisión de nuestros instrumentos fotométricos puede ahora detectar la pequeñísima disminución de brillo que se produce cuando el planeta bloquea la luz de la estrella.
Ese planeta tiene el tamaño de Júpiter y gira alrededor de la estrella OGLE-TR-56. Se encuentra 20 veces más lejos de nosotros que cualquier otro planeta extrasolar catalogado hasta ahora. Además, orbita muy cerca de su estrella, a sólo cuatro radios estelares, o unas 50 veces más cerca que la Tierra respecto al Sol. Tarda apenas 29 horas en dar una vuelta a su alrededor y soporta temperaturas de 2.000 grados Kelvin.

Sal en Ío
Astrónomos franceses y estadounidenses han detectado la presencia de sal (cloruro sódico, NaCl) en la atmósfera de Ío, una de las lunas de Júpiter. Los científicos opinan que la sal se genera a partir de las erupciones volcánicas que actúan en el satélite y ello permite explicar las “nubes” de sodio atómico que se habían avistado alrededor de Ío desde que en el año 1979 la sonda Voyager la visitara y descubriera la presencia de un vulcanismo activo. Desde 1990, las observaciones realizadas desde el radiotelescopio IRAM, ubicado en Sierra Nevada, en las ondas milimétricas, y las observaciones en el ultravioleta efectuadas por el telescopio espacial Hubble, han contribuido a proporcionar un mayor detalle en la descripción de su atmósfera.

Nuevas “lunas” de Neptuno. 
Astrónomos del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics y del National Research Council of Canada han descubierto tres nuevos satélites de Neptuno, con lo que el numero de lunas de ese enorme planeta gasesoso queda crifrado actualmente en once. El último descubrimiento de “lunas” de Neptuno se produjo en 1989, cuando los sobrevoló la sonda Voyager-2 y no se descubrían satélites del planeta utilizando un telescopio terrestre desde el año 1949. Se trata de dos pequeños satélites, de entre 30 y 40 km, que podrían haberse originado por la colisión de un asteroide con alguna de los otros satélites. Su tamaño y lejanía del sol hacen que reflejen escasamente la luz del sol, lo cual dificulta su avistamiento desde la tierra. Para localizarlas, los astrónomos utilizaron una una técnica innovadora empleando el telescopio Blanco de Cerro Tololo, en Chile, de 4 metros de diámetro, y el Canada-France-Hawaii Telescope, de Hawai, de 3,6 metros.