Incógnitas del Universo

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La ciencia continúa sin denuedo investigando sobre las numerosas incógnitas que aún existen respecto al Universo en que nos hallamos. En ocasiones, los avances científicos permiten resolver algunos de los enigmas, pero en otras esos mismos adelantos contribuyen a crear nuevas incertidumbres. Algunas de las dudas actuales se siguen refiriendo a “misterios eternos” como el origen de la vida, el origen del Universo o su fin, asuntos que ya cuentan con teorías explicativas pero que saltan invariablemente a la palestra a medida que se obtienen nuevos datos. Otras investigaciones avanzan hacia aspectos más concretos del más allá de nuestra atmósfera pero también se convierten en piezas de un puzzle imposible de terminar.

  • El origen de la vida: azúcar en el Universo. Una de las grandes inquietudes de la ciencia actual sigue refiriéndose al origen de la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta Tierra. El descubrimiento de la presencia de azúcares en un meteorito –realizado por científicos del Centro de Investigaciones Ames de la NASA- refuerza la teoría de que la vida podría haber llegado desde el espacio exterior. Otras investigaciones científicas han encontrado también moléculas orgánicas complejas como los azúcares, básicas para la creación de la vida en la Tierra estimada hace al menos 3.800 millones de años, en nubes moleculares interestelares. Según George Cooper, del Centro de Investigaciones Ames, es esencial continuar la investigación de los meteoritos para determinar la posibilidad de que la vida a la Tierra llegase desde el Universo. Por otra parte, esos descubrimientos permiten especular con mayor base científica sobre la hipótesis de que las semillas de la vida fueran esparcidas por todo el Cosmos y, de ahí, a la posibilidad de vida en otros planetas.
  • La composición del Sol. Desde hace algo más de un año la sonda Génesis lanzada por la NASA se halla alrededor del Sol recogiendo muestras de isótopos de oxígeno, nitrógeno, gases nobles y otros elementos presentes en el viento solar. La sonda está equipada con unos colectores de silicio de gran pureza, que permite guardar las partículas sin afectar a su composición. Está previsto que la sonda regrese a la Tierra con su preciada carga de partículas el próximo año 2004. Del estudio en los laboratorios terrestres de esas muestras se espera avanzar en el conocimiento de la composición del Sol, una de las grandes incógnitas que aún atenazan a los especialistas heliofísicos. Ese conocimiento también permitiría avanzar en las teorías sobre el nacimiento y evolución de los planetas y otros cuerpos del Sistema Solar.
  • La formación de las estrellas. Los científicos consideran fundamental alcanzar la comprensión del proceso de formación de las estrellas y de planetas que giren a su alrededor. Las principales teorías defienden que las estrellas se crean mediante la contracción gravitacional de nubes que existen en el medio interestelar; pero no se ha podido observar esa circunstancia ni mediante experimentación ni mediante observación. La Ciencia busca resolver ese enigma para poder comprender tanto el funcionamiento del Universo como el de nuestro Sistema Solar. Así, también se persigue descubrir otros sistemas planetarios que giren alrededor de estrellas como el nuestro lo hace alrededor del Sol. De momento, sólo se han podido encontrar planetas gigantes, masivos y seguramente gaseosos en órbitas cercanas a la estrella central donde las posibilidades de vida son muy escasas. Pero la detección de planetas extrasolares permite suponer la existencia de “sistemas solares” que podrán ser descubiertos con nuevos avances de la astrometría y fotometría, con telescopios más sofisticados y potentes.
  • Vigilando restos de supernovas. El pasado mes de enero la NASA envió al espacio el satélite Espectrógrafo Cósmico para Plasma Caliente Interestelar, con el objetivo de estudiar los restos de unas supernovas que se estima abundaron en torno a la Tierra en el Plioceno, cuando vivían nuestros ancestros austrolopitecus. En aquel entonces, la lejanía de esas supernovas, que explotaban como si fueran palomitas de maíz, habría evitado la destrucción total de nuestro planeta, pero podría haber provocado la misteriosa muerte de criaturas marinas sensibles a los rayos UV que se dio en la transición del Plioceno al Pleistoceno. Hoy, como resto de esas supernovas, queda una nube conocida como Sco-Cen a unos 450 años luz de la Tierra que se aleja en dirección de las constelaciones de Escorpio y Centauro. Esa nube es conocida también por los astrónomos como "Burbuja Local", mide unos 300 años luz de longitud, y está llena de casi nada, pues el gas que contiene es muy tenue (0.001 átomos por centímetro cúbico) y muy caliente (un millón de grados) -- es decir, 1000 veces menos denso y entre 100 y 100.000 veces más caliente que el medio interestelar ordinario.