Vuelta al juguete clásico

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En los últimos años, han vuelto a muchos hogares los juguetes más clásicos, que los niños pueden tocar, desmontar y con los que crean historias y aventuras surgidas de su imaginación, después de una etapa en que se impusieron sofisticados juguetes eléctricos e informáticos más aptos para ser vistos que para ser manipulados. Según datos facilitados por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, los más vendidos durante 1999 fueron los peluches, seguidos de vehículos para montar y juegos de actividades como construcciones, manualidades o imitaciones del hogar. En esa campaña, la facturación global de las empresas fabricantes se situó en torno a los 120.000 millones de pesetas, de los cuales 55.000 millones correspondieron a la exportación.

Los expertos en el mundo de la infancia coinciden en el valor psicopedagógico del juego, tal y como recoge en uno de sus estudios la Fundación Crecer Jugando, ya que permite un crecimiento armonioso del cuerpo, la inteligencia, la afectividad, la creatividad y la sociabilidad del niño. Jugar está reconocido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, según una proclama de 1959, como un derecho de la infancia por cuyo cumplimiento en todos y cada uno de los niños y niñas deben velar los adultos.

Las muñecas son los juguetes preferidos de Erena, de 9 años. Tiene una caja llena de ellas. Sus favoritas son la que vende ropa en su tienda y la reportera, pertrechada de su cámara de televisión, una libreta pequeña y bolígrafos. Le gusta quedar con sus amigas para crear aventuras entre todas y también jugar con su hermano, quien también se entretiene con las muñecas porque “es pequeño”, explica Erena. Pero ahora, dice, “sólo puedo jugar los fines de semana porque ya voy a cuarto y tengo mucho trabajo con los deberes”.

Marc, absorto desde hace siete años en la contemplación del crecimiento de sus dos hijos gemelos, observa que “los pequeños juegan hagan lo que hagan, somos los adultos quienes distinguimos entre ahora es en serio y ahora es en broma. Para ellos cualquier actividad, como ayudar a poner la mesa, se convierte en un juego y así todo se les hace más entretenido”.

Sin embargo, actualmente los niños disponen cada vez de menos tiempo para jugar, debido a las múltiples tareas escolares y extraescolares que realizan. La llegada a la adolescencia suele conllevar también un rechazo hacia el juguete, como postura que se cree necesaria adoptar para ser admitido en el mundo adulto. Y no son pocos los niños, principalmente varones, que desde los 7 años no quieren otro entretenimiento que las consolas de videojuegos, aparatos que no forman parte del gremio del juguete pero que, para bien o para mal, son los que más hacen disfrutar a muchos niños y no pocos mayores.

Pero si bien el adulto puede perder fácilmente el hábito del juego, éste sigue desempeñando un papel importante en la vida cotidiana y en el desarrollo de la personalidad. Sobre ello han reflexionado ilustres intelectuales de todos los siglos; uno de los pensamientos más conocidos fue formulado por el filósofo alemán Friedrich Von Shiller: “el ser humano sólo juega cuando es plenamente humano, y sólo es humano completo cuando juega”.