Terapias con perros, gatos, pájaros, peces…

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No sólo los caballos sino también habituales animales de compañía como perros, gatos o pájaros, están desarrollando una importante labor de ayuda terapéutica, tanto en su trato cotidiano como mascotas en muchas viviendas como en programas concretos para personas con necesidades específicas o problemáticas físicas, psíquicas o sociales.
A falta de censos más actuales, el de la American Pet Products Manufacturers Association (APPMA) indica que en 1994 en un 56% de los 53 millones de hogares de Estados Unidos vivían animales de compañía. En Europa, Bélgica se hallaba a la cabeza con un 71% de hogares con presencia de animales, seguida de Irlanda, 70%; Francia, 63%; Países Bajos, 60%; Italia, 59%; Reino Unido, 53%; España, 46%, y Alemania, 37%. Para algunos expertos, en las ciudades modernas los animales de compañía pueden ser el lazo de unión entre las personas y el mundo natural. Las satisfacciones que aporta el contacto con un animal de compañía se acentúan en el caso de personas con problemas específicos. Así, está demostrado que la compañía de un gato o perro se convierte en una terapia muy beneficiosa para personas mayores o aisladas, sin familia. El animal doméstico puede reforzar lazos de afectividad, suavizar la conducta, alargar la vida al ayudar a eliminar el estrés, animar a hacer ejercicio mientras se le acompaña en el paseo e incluso favorecer la comunicación con otras personas.
También se han desarrollado en los últimos años en España numerosas experiencias terapéuticas que han tenido como protagonistas a perros, gatos, pájaros o peces en relación a la atención de ancianos, niños, adolescentes o presos. En este campo, la Fundación Purina ha desempeñado una importante labor impulsando numerosos programas en todo el Estado bajo el lema "animales de compañía, fuente de salud". En diferentes residencias de ancianos se ha demostrado que la presencia de perros o gatos han conferido una nueva dimensión de hogar a los centros, aportando familiaridad y calor en la vida cotidiana.
Así, en la residencia asistida de Parc Serentill, de Badalona, donde se atiende a ancianos con grandes discapacidades físicas o psíquicas, se comprobó como la llegada de tres pájaros, un gato y dos perros era acogida con gran ilusión por los residentes, ya en el proceso inicial de prepararles sus espacios, decidir sus nombres y establecer los planes para su cuidado, según expone la directora del centro Laura Anzizu. Posteriormente, los animales se convirtieron en el centro diario de conversaciones y sus cuidados en un factor de motivación, animando a los ancianos a moverse y consecuentemente a realizar mayor actividad física.
Según Laura Anzizu, "las risas que provocan los animales dan alegría a los ancianos y la vida se hace más agradable, desde que llegaron los perros a la residencia hay menos aburrimiento, menos monotonía, más actividad, más dinamismo y mucho más movimiento". Ello también repercutió en un incremento de las visitas de los familiares, con nietos y biznietos, al facilitar la distensión gracias a la presencia de los animales.
Otros programas terapéuticos, como los que realiza la fundación Greyfound Friends en Estados Unidos, promueven que personas voluntarias realicen visitas con sus perros a centros o residencias de salud. Según los responsables de esa asociación, el simple acto de acariciar a un perro puede "producir relajamiento, disminuir la tensión y la ansiedad, e invitar al movimiento, pues pacientes que están habitualmente postrados en sillones se animan a estirarse o girar su cuerpo para llegar hasta los animales".
En diferentes centros de atención a disminuidos psíquicos se ha comprobado también que la interacción con perros y gatos estimula el lenguaje de los pacientes, los sentidos, la motricidad y provoca observaciones, conversación, socialización, relación y civismo. Así, el cuidado de los perros ayuda a aumentar el sentido de la responsabilidad, la autoestima, la maduración personal y a mejorar la relación social entre los compañeros.