Técnicas para reverdecer el desierto

Texto complementario a

Agua “sólida” para plantar árboles en los desiertos chinos. Científicos chinos han inventado un “agua sólida” que permitirá plantar y recuperar con vegetación las zonas desérticas del país. Según el investigador Yunxiang, de la compañía Shenyang Senlu, se trata de un compuesto integrado en un 97% por agua que se solidifica al combinarla con una especie de polímero obtenido a partir de extractos vegetales y animales. Ese compuesto se entierra en zonas áridas con una semilla dentro, y esta crece alimentada por el agua que se va disolviendo lentamente. El proyecto para desarrollar esta iniciativa cuenta con un presupuesto de 650.000 yuanes (unos 78.300 euros), sufragados por el Ministerio chino de Ciencia y Tecnología. 

Plástico que retiene el agua: La asociación japonesa Reverdecer los Desiertos ha desarrollado durante 20 años una técnica basada en las propiedades de retención de agua de los altos polímeros plásticos. Así, al plantar árboles en zonas desérticas entierran junto a sus raíces unos gránulos de plástico, con especiales propiedades de absorción de agua, que se van descomponiendo en hidrógeno y carbono sin perjudicar al medio ambiente. La asociación ha trabajado con éxito en zonas desérticas de México, Egipto y Los Emiratos Arabes Unidos. Entre sus recientes misiones  figura la plantación de más de 10 millones de chopos y árboles frutales en cinco áreas del desierto de Gobi, en Mongolia Interior.

Árboles artificiales para atraer a la lluvia y eliminar CO2: el investigador peruano Adolfo Ríos ha desarrollado un árbol artificial ateniendose a la teoría de que la mayor cantidad de lluvia que se recibe en zonas con vegetación está influida por la carga de electricidad estática que recogen los árboles. Según él,  la vegetación carga energía de la atmósfera hasta alcanzar un nivel de saturación y entonces se activa una especie de “relé” químico que produce un cambio de la polaridad tierra-aire y hace que las nubes descarguen su agua. Para Adolfo Ríos, unos árboles artificiales equipados básicamente con una antena metálica, un condensador y un relé podrían actuar en los lugares áridos para atraer a la lluvia y preparar así el terreno a una vegetación natural. Por su parte, el científico de la Universidad de Columbia Klaus Lackner ha diseñado árboles sintéticos destinados a absorber el dióxido de carbono del aire. Según sus cálculos, uno de esos árboles podría absorber 90.000 toneladas de CO2 en un año, la cantidad equivalente a las emisiones de unos 15.000 vehículos.

Plantas mutantes resistentes a las sequías: científicos de la norteamericana Purdue University han clonado un gen, llamado WAX2, que controla la producción de la capa externa protectora de las plantas. A partir de ello confían en poder crear plantas capaces de resistir fuertes sequías. Los primeros experimentos han dado como fruto la Arabidopsis mutante, capaz de retener más agua que su antecesora no mutante. La aplicación de esta técnica a otras especies vegetales permitiría reverder las zonas más áridas, con lo cual progresivamente se irían tornando aptas para acoger a otras plantas no mutantes una vez que se fuera formando un ambiente más húmedo. 

Lluvia artificial: La técnica para crear lluvia artifical fue diseñada por el premio nobel de Química de 1932, Irving Langmuor, hace unos 50 años. Desde entonces se ha experimentado para mejorar su rendimiento y abaratar el alto coste del proceso. Básicamente, consiste en insuflar en las nubes sustancias químicas, como el yoduro de plata, que favorecen las precipitaciones. En algunas zonas de Estados Unidos se usa en situaciones de prolongadas sequías.  Pruebas realizadas por el Centro de Investigación Atmósferica de Boulder (Colorado), durante el año 1999 en una zona desértica del norte de México, consiguieron mejorar hasta un 50 por ciento los resultados de cualquier experimento anterior. Por su parte, el gobierno de Indonesia invirtió el pasado año 350.000 dólares para producir lluvia artificial en unas 17.000 islas afectadas por una dura sequía provocada por el fenómeno climático El Niño. También en España se han realizado experimentos de lluvia artificial: durante 1984 y 1985 se consiguió producir lluvia en Las Palmas de Gran Canaria, tras inyectar en la base de unas nubes desde unos aviones un líquido muy caliente formado de un concentrado de nitrato de amonio y urea.

Atrapadores de niebla: El desierto de Atacama, en Chile, además de ser una las zonas más áridas del planeta, presenta una curiosa característica climática debido a la presencia de los Andes y la cercanía del Océano Pacífico: en algunos puntos se concentra persistentemente una niebla de estratocúmulos que los nativos llaman camanchaca. Pero esas nubes raramente producen precipitaciones, ante lo cual una entidad llamada Agrupación Atrapanieblas ha experimentado para conseguir agua a partir de la camanchaca. El pasado año, construyeron seis “atrapanieblas” que ocupan una superficie de 264 metros cuadrados. Esos artilugios se encargan de absorber la humedad de la niebla y convertirla en agua. Son capaces de recoger a diario hasta 300 litros de agua.