Riesgos e interrogantes de la ciudad digital

Texto complementario a

Los riesgos de vivir continuamente conectados
La cara oculta de los avances de las telecomunicaciones puede convertir en auténticas victimas a nuestra intimidad y nuestra salud física y mental.

  • Menor movilidad. En inglés se ha acuñado el término 'cocooning' (de 'cocoon', el capullo donde se encierra la crisálida de la mariposa) para referirse a las personas que se aíslan con enfermiza dependencia del ordenador, la televisión, los videojuegos y otros aparatos. En un futuro el 'cocooning' puede ser un peligro creciente, con riesgos para la salud física -que acarrearía un mayor sedentarismo- y psíquica -producidos por un aislamiento social si alguien se limita a interaccionar exclusivamente con la tecnología-.
  • Pérdida de  la intimidad. En una sociedad interconectada, donde pueda quedar registrada en una base de datos, cualquier compra o actividad que realicen los ciudadanos usando una gestión telemática nos expone a perder la intimidad en asuntos que alguien quisiera guardar para uno mismo.
  • Mayor control estatal y policial. Una tarjeta de identidad digital recogerá el historial completo de cada individuo, los sistemas de localización permitirán saber donde se encuentra alguien en cada momento, la interconexión entre los diferentes organismos del Estado posibilitará un control sin precedentes de todos los ciudadanos... un abuso o mal uso de ese poder puede llegar a lesionar los derechos de las personas.
  • Pensamiento único. Aunque la cantidad de información será ingente y las posibilidades de recibirla o acceder a ella muy variadas, al estar canalizada desde unas vías concretas se puede producir un condicionamiento del conocimiento y del pensamiento, en el sentido de que estos se produzcan a tenor de unas pautas recibidas pasivamente y dirigidas desde unos emisores dominantes.
  • Diferencias socio-psíquicas. No sólo se pueden agrandar las diferencias socio-económicas entre los sectores de la población que tienen acceso a las tecnologías más avanzadas y los que no, sino que también se puede crear una brecha psíquica entre las personas cuya mente evoluciona hacia nuevas percepciones de la realidad y maneras de relacionarse y quienes no participan de esas experiencias. Ni que decir tiene que otro gran efecto reside en el aumento de las diferencias entre los países desarrollados y los que se hallan en vías de desarrollo.
  • Bombardeo publicitario. Si puede ser interesante recibir información comercial personalizada, seguramente para muchos no sería tan agradable ver sus términales continuamente saturados con anuncios publicitarios, algo que será difícil de evitar dados los crecientes intereses comerciales en juego.  

Interrogantes que se abren
Además de nuevos hábitos, las innovaciones tecnológicas van a crear situaciones desconocidas hasta ahora que podrían convertirse en auténticos problemas.

  • Información-desinformación. El manejo de la información se vuelve especialmente delicado cuando se está permanentemente intercambiando datos, ante el peligro de que se entremezclen informaciones verídicas y contrastadas con otras que carezcan de una mínima certeza. Pero ante posibles defensas frente a ello también aparece el peligro de cómo ejercer el control sin caer en censuras.
  • Control de las opiniones. Los avances tecnológicos crearán nuevas y mejores formas de comunicación con plena libertad para intervenir, pero será necesario que se establezcan garantías suficientes de que agencias secretas estatales de inteligencia o compañías comerciales privadas no espíen las opiniones vertidas lesionando los derechos básicos de los ciudadanos.
  • Libertad de expresión. En el gran foro público que permitirán las comunicaciones digitales será necesario calibrar los límites morales y éticos que impidan caer en discriminaciones o vulneren creencias o sensibilidades. Los organismos pertinentes tendrán un duro trabajo para hacerlo sin atentar por otra parte contra la libertad de expresión.  
  • Privacidad de datos. El perfil de cada individuo, las transacciones que realice, sus gustos podrán quedar registrados en una base de datos, pero aún es una incognita saber cómo se controlará el uso y transferencia de esos datos.
  • Límite de las tecnologías. Los mismos avances tecnológicos en sí, los nuevos aparatos, incorporan opciones que pueden lesionar determinados derechos. Cabe recordar que algunos países, como Irlanda y Escocia, ya han prohibido el uso de teléfonos móviles con cámaras fotográficas en edificios gubernamentales para prevenir posibles actos de espionaje. En un futuro, que se prevé de numerosas innovaciones, las regulaciones deberán afinar los usos permitidos en cada caso.
  • Seguridad de las transmisiones. El futuro es inalámbrico, pero las ondas también son el sistema de telecomunicación más fácilmente violable. Los sistemas de seguridad del Wi-Fi ya garantizan niveles solventes ante posibles intentos de robo de la información que se transmite y los técnicos siguen mejorando los sistemas de encriptación y protección de los datos. Pero ya se sabe, conforme avanza la capacidad de protección también avanza la capacidad de quienes intentan violarla.