Hipoterapia

Texto complementario a

Entre las terapias que se realizan con caballos, la hipoterapia se muestra como un tratamiento de rehabilitación neurofisiológica o traumatológica, complemento a la fisioterapia tradicional. Los caballos que participan son seleccionados por su morfología y temperamento y reciben un entrenamiento especial. Asímismo, las sesiones deben ser dirigida por profesionales de la medicina debidamente preparados. En España, la Escuela Universitaria de Fisioterapia Gimbernat, de la Universidad Autónoma de Barcelona, imparte estudios de postgrado de rehabilitación ecuestre (hipoterapia) que únicamente pueden cursar licenciados en medicina, diplomados en Fisioterapia y diplomados en Terapia Ocupacional. Un curso distinto, abierto a cualquier persona sin una formación específica, es el organizado por la Fundación Caballo Amigo en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid. En este caso la formación se refiere a Equitación Terapéutica, una especialidad diferente que no requiere los conocimientos médicos de base de la hipoterapia.

La hipoterapia busca que el paciente reciba sensaciones en todo su cuerpo, especialmente en zonas que habitualmente no estimulan otros tratamientos. Ello se consigue gracias a que un caballo al paso transmite al jinete unos 110 impulsos por minuto, con sus movimientos de avance, retroceso, elevación, descenso, desplazamiento y rotación. Las primeras sesiones de hipoterapia se inician habitualmente con una toma de contacto con el animal antes de montarlo, acercándose a él y entablando una relación amistosa. Tras ello el paciente sube al caballo bajo la asistencia del terapeuta. Según los expertos, no se trata de aprender a montar sino de recibir los estímulos que faciliten la circulación sanguínea y mejoren el equilibrio y el sentido espacial.

En el ejercicio más habitual, el jinete se sienta a horcajadas mirando a la cabeza del caballo, en la postura tradicional, pero según el tipo de estimulación que se precise es posible que el paciente se tumbe sobre el lomo, se siente mirando hacia la grupa o adopte otras posturas. Este tipo de ejercicio no es únicamente pasivo, sino que comporta una actividad del jinete en el proceso de relajarse, estirarse, mejorar el equilibrio, los reflejos y la coordinación. Las sesiones suelen durar inicialmente unos 15 o 20 minutos, de dos a tres veces por semana; a medida que el paciente progresa se puede incrementar la duración hasta alcanzar los 50 o 60 minutos.

Los terapeutas destacan como aspecto muy importante de esta práctica que el paciente asume los ejercicios como una diversión, sin la presión de una mesa de tratamiento o el ambiente de una sesión convencional de fisioterapia.  Así está entretenido y atento a lo que sucede a su alrededor, mientras el sistema nervioso central está trabajando en pos de los resultados deseados. Igualmente, se considera que el contacto físico  y emocional que se crea con el caballo ayuda a romper el aislamiento del paciente, mejorando su confianza, su capacidad de concentración y haciéndole perder inhibiciones físicas y emocionales.

Dolencias para las que se considera adecuada la hipoterapia y la equitación terapéutica

  • Discapacitaciones físicas: parálisis cerebral infantil, accidentes cardiovasculares cerebrales, espina fífida, lesiones cerebrales, amputaciones, esclerosis múltiple, distrofía muscular…
  • Discapacitaciones psíquicas: oligofrenia, síndrome de down, autismo, hiperactividad, trastornos de la ansiedad, trastornos de la conducta y aprendizaje, trastornos de la afectividad…
  • Discapacitaciones sensoriales: cegueras, sorderas, mudez…
  • Marginados sociales, toxicomanías…

Beneficios de la hipoterapia y de la equitación terapéutica

  • Componentes sensomotrices: favorecer el equilibrio, la orientación en espacio y posición, la coordinación y la percepción
  • Componentes socioecomocionales: aumentar la confianza y autoestima, responsabilidad, el contacto y adaptación a otras personas y el animal
  • Componentes cognoscitivos: comprensión del lenguaje, disposición para la comunicación hablada, formación de conceptos, memorización, reacción, concentración, desarrollo de la capacidad de transferir