Algunos modos de Arte-Terapia

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Por lo que dicen los expertos, el Arte Terapia consigue transformar todas las artes en vías de conocimiento. Una posible clasificación se puede realizar teniendo en cuenta la relación del ser humano con la producción artística: en el caso de las artes plásticas, la fotografía, el cine o la escritura la obra está ligada a la persona sólo durante su realización y después se desprende y convierte en metáfora del creador; otros artes, como el teatro o la danza, necesitan la presencia permanente del creador para existir, en ellos la obra es efímera, se da en un tiempo y espacio determinados. Además, el Arte-Terapia distingue otro grupo de actividades en que se precisa la conjunción del hombre y unos utensilios, caso de un teatro de marionetas o de máscaras. Un último apartado engloba artes que se forman con vibraciones del ser humano en las que se convierte en instrumento con su voz o utiliza otras herramientas para formar música.

Por ejemplo, en Voz-terapia se trabaja con la mente, el cuerpo y la voz. “Haciendo sonar la voz en diferentes puntos del cuerpo, con distintos resonadores, se consigue una transformación de la persona”, afirma Gemma Reguant, actriz y profesora desde hace dieciseis años de técnica de voz.

La aplicación de la Voz-terapia persigue tanto beneficios físicos como psíquicos, dado que con una buena articulación del sonido se corrigen malas posturas causantes de tensiones e incluso de ansiedad. Paralelamente, se realiza un trabajo de instrospección personal, que en una sesión concreta puede girar alrededor de la repetición del nombre propio, fonema por fonema, con todas las resonancias y texturas posibles y jugando con diferentes ritmos.

Las investigaciones realizadas por separado en cada uno de los campos, cara tanto a desarrollar los aspectos más humanos como a indagar en las profundidades de la percepción de la realidad, enriquecen los cimientos del Arte-Terapia. Así, Teresa Monsegur, coreógrafa, pedagoga del movimiento y fisioterapeuta, pone de relieve el trabajo realizado a principios de siglo por los bailarines y coreógrafos Rudolf Von Laban, Sigurd Leeder o Kurt Joos, que volvieron al origen de la inspiración de la danza, es decir a la actividad cotidiana de las personas en sus trabajos, acciones, gestos. También consideraron el movimiento como un elemento fundamental para la comprensión del interior humano y sus relaciones con el mundo.

Desde su experiencia como danza-terapeuta, Teresa Monsegur observa que esta técnica “abarca todos los aspectos del movimiento, desde el físico hasta el psicológico, emocional y emotivo”. El material inicial para construir la propia danza, en la que se exprese el yo interno, se puede obtener acotando un tiempo y espacio y dando significado hasta al más mínimo gesto de apariencia casual. Teresa considera que el valor terapéutico del arte contribuye a una vida más intensa, a un mejor conocimiento de nuestros impulsos y a abrir espacios en los que construir algo nuevo.

Julio Álvarez, director de teatro, actor y desde 1992 director artístico del teatro Tantarantana de Barcelona, ha actuado también como instructor de drama-terapia, dirigiendo la técnica teatral a obtener mayor bienestar personal. En dramaterapia, explica Julio Álvarez, se realiza un doble trabajo: personal sobre uno mismo y grupal, en el cual el individuo trabaja con otros individuos que sirven de espejo de las propias personalidades y a la vez como núcleo protector.

Drama-terapia no es un trabajo sobre la persona o su problemática sino dentro del marco teatral. Es decir, se plantea la creación de unos personajes y una historia y al modificar las relaciones de la ficción se está indirectamente cambiando a la persona. Conforme se va enriqueciendo la historia, el individuo se plantea papeles diferentes a su personalidad, lo que se traduce en una vivencia de sentimientos que posiblemente en situaciones reales quedarían ocultos. “El objetivo, dice Julio Álvarez, no es crear actores, sino conocer y acrecentar las propias posibilidades de creación y desarrollarse en aspectos que en la vida cotidiana se evitarían”.

“Cualquier persona puede beneficiarse de un contacto con el Arte-Terapia, porque produce un conocimiento personal y además una transformación de sí mismo en relación a la experiencia íntima de la vivencia artística”, afirma Miquel Izuel, psicólogo, psicoanalista y coordinador junto a la psicóloga Mireia Bassols del curso de formación en Arte-Terapia impartido en Barcelona por la AEC. Según Izuel, “no se trata de aprender conceptos y aplicarlos, sino de apreciar como se producen las transformaciones en uno mismo partiendo de la vivencia; es necesario primero desaprender para llegar a las cosas de una manera diferenciada y así poder precipitar un saber sobre sí mismo”.

Al trabajar sobre una creación artística en lugar de directamente sobre el individuo, se vencen las posibles resistencias en pos de una verdad íntima, posiblemente oculta para la misma persona. Pero en ningún caso se realiza una interpretación de la obra creada. Laura, de 26 años, profesora de teatro que ha participado en diferentes sesiones de Arte-Terapia abunda sobre la misma idea: “te ves reflejada en tu creación como en un espejo. Es un método vivencial con el cual puedes descubrir sentimientos o emociones de los que no tenías consciencia y que a menudo quedan disfrazados si intentas interpretarlos racionalmente”. Laura entiende que se produce “una liberación de las cargas personales en los objetos que creas, no a partir de un proceso mental sino vertiendo una parte del ser en las obras”. Una técnica que le produce una íntima satisfacción, a tenor de la alegría con la que narra sus experiencias.